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Año: 2004

Primera flor del azahar

Primera flor del azahar

 

Aunque ahora no llueva está el sol afuera y hace algo de fresco. Sin embargo, hoy el día ha tenido algo de extraordinario: he visto el primer azahar abierto. Tal acontecimiento no es baladí, aunque parezca un suceso que sólo interese a botánicos y fabricantes de mermelada de naranja amarga. Si este sol dura unos cuantos días, la floración empezará a ser generalizada, y todo cambiará en esta ciudad. El fin del invierno creo que es celebrado por muchos pueblos, pero aquí es algo parecido a una liberación. Desde que terminan las navidades, por estas tierras ibéricas estamos deseando compulsivamente que se acabe el frío y la humedad; y aunque se sufra sequía, cuando llueve cuatro días seguidos, al quinto no es raro escuchar expresiones del tipo «joé, ya podían llenarse los pantanos y dejar de llover». Es cierto que la primavera no llega hasta más adelante, aunque ni de lejos hay que esperar al 21 de marzo, fecha en que la gente ya suele llevar mangas cortas debajo de la chaqueta. Lo de hoy es el anuncio de que se acaba el invierno, que salimos del letargo. El azahar forma parte de un calendario vital, por el que nos regimos todos, y que quizás los meridionales seamos más propensos a exteriorizarlo. A mí, con sólo verlo y olerlo, ya me han entrado ganas de todo, como si fuera un chute de vida, que dispara y acelera el cuerpo y la mente. Será que el invierno no está sólo ahí fuera, sino que también lo llevamos dentro, y esa necesidad de que cese el frío y humedad en nuestro interior es la que nos empuja a agarrarnos a la flor despistada de un árbol, una forma como otra de pasar página en el almanaque de nuestra vida.

La lectura es imaginar

La lectura es imaginar

Está claro que la mayoría de nosotros utilizamos la tele para relajarnos y acomodarnos, porque la tele nos sirve a la carta, frente a la confortabilidad de nuestros sillones, las imágenes de cualquier rincón perdido de la Tierra.
Decía Jean Renoir que el problema es que la televisión amalgama y convierte en papilla informe la realidad, la ficción, lo fundamental, lo secundario, el divertimento y la reflexión. En parte tiene razón, la televisión nos sirve en bandeja mucha imaginación. No obstante, es una imaginación prefabricada, no elaborada, en la que el televidente apenas toma partido. La imaginación se ha de ejercitar, sino ¿qué sentido tiene crear, idear? La pregunta tiene una respuesta contundente: imaginamos con los sentidos, con todos los sentidos, no sólo con la vista. Nos gusta tocar, oler, saborear y escuchar el viento de la vida, de la vida real, no de la vida filtrada a través de una cámara y servida en bandeja en la fría pantalla de un aparato de televisión.
Personalmente prefiero la lectura. Aquí sí que realmente se ejercita la imaginación. Me gusta, particularmente, emocionarme con lo que me cuentan, percibir que la sensibilidad del escritor coincide con la mía o me despierta numerosas emociones inéditas. Me gusta imaginar a través de la letra, hundirme en la historia que me cuentan hasta perder la noción del yo. Porque avivar nuestros sentidos nunca puede ser usurpado, en los territorios de nuestro consciente y de nuestros inconsciente, por algo que simplemente vemos en un trasto que, a la postre, no pasa de ser un mero electrodoméstico.
Y así imaginamos, a lomos de la ficción y la no ficción, para seguir recuperando algo que es tan eterno como la vida humana: la sed de la emoción, la sed de la aventura intelectual.

Perogrulladas

Perogrulladas

Una perogrullada es, evidentemente, una cosa evidente hasta para un tonto, pero que otro tonto con reputación de inteligente afirma como un descubrimiento sensacional, como una verdad importantísima. La leyenda quiere que haya existido en el siglo XVI un señor Pedro Grullo, de cuyo nombre, obviamente, viene lo de ‘perogrullada’.
Nadie está a salvo de perogrullar; pero perogrullar sin querer es fácil, en cambio hace falta mucho ingenio para ser un tonto a propósito. A continuación algunas de ellas:
-Cuando alguna vez te sientas solo, es que te falta alguien.
-Para subir, primero hay que estar abajo.
-Para evitarse problemas, hay que sacarse primero los zapatos y sólo después las medias.
-Si un día vas descalzo y sientes un pinchazo en la planta del pie, seguramente te pinchaste.
-Matad a todos los moros y ganaremos la guerra (El Cid).
-Si dentro de una habitación quieres ver y no puedes, debes encender la luz.
-Si mi mamá se hubiera casado con mi tío, no sería mi mamá, sino mi tía.
-Dios existe; o no.
-Si una mujer fuese fecundada por un camello es posible que no diese a luz un niño totalmente normal.
-Si un día sientes que te quemas, es porque te estás quemando.
-Once huevos no alcanzan a ser una docena.
-Las vacas que en lugar de hacer ‘muuu’ hacen ‘beee’ son ovejas.
-El que sabe, sabe; y el que no, no sabe.
-A medida que uno va conociendo a la gente, se va dando cuenta cómo es.
-Soldado que huye sirve para otra guerra.
-Todos los grandes fueron chicos alguna vez.
-Si estás con alguien, alguien está contigo.
-Para morirse de miedo hay que estar asustado primero.
-Para ponerse un guante, se necesita una mano.
-Si tratas de lavarte el pelo y no lo logras, tratas de peinarte y no lo logras, será mejor que te quites el sombrero.
-Es más cómodo usar la calculadora de bolsillo fuera del bolsillo.
-Digan lo que digan, el pasado es siempre anterior al presente.

Dicen que el sentido del olfato es muy especial

Dicen que el sentido del olfato es muy especial

 

… dicen que el sentido del olfato es muy especial, que pese a ser el primero que se apaga cuando dormimos es el que está más encendido estando despiertos, que aunque es un sentido que se adapta rápidamente también es capaz de percibir los pequeños cambios, y sobre todo, se dice que el sentido del olfato es el más evocador.

… y un día entras al portal y la vecina del primero está cocinando algo que te transporta a casa de los abuelos, o hueles un perfume que usaste aquella noche que saliste a celebrar algo y resultó ser especial y recuerdas de repente cada detalle, o te cruzas por la calle con un señor que usa la misma colonia que aquella persona que ya no está y recuerdas como era cada mañana antes al ir a la ducha.

… dicen que el sentido del oído es muy especial, que aunque la atención lo controle siempre está despierto, que es muy evocador, y una melodía puede transportarte a un día de verano… y puedes escuchar una canción que te haga recordar con los tres primeros acordes cómo te sentías aquellas tardes de hace cinco años… y recuerdas volver de darle clase de matemáticas a aquel niño inquieto, metiendo el dinero que ganaba en una caja para ir no sabía muy bien a donde.

Finales de película

Finales de película

Hay películas que merecen ser vistas por sus finales. La culminación de todo el mensaje de la película viene reflejada en su conclusión final. Ayer sin ir más lejos, vi una de ese tipo de finales. La recomendable ’21 gramos’ de Alejandro González Iñárritu. Grandes temas son tratados en el desarrollo del film, la culpa, la conciencia, el amor como bálsamo, lo efímero de la existencia, la pérdida de fe, la importancia del azar, que todo final es el principio de algo, de otra cosa, quien sabe si mejor…
Al final, Sean Penn cita:

‘Dicen que 21 gramos es el peso que perdemos cuando morimos. El peso de cinco monedas de cinco centavos, de un colibrí, de una barra de chocolate y quizás también del alma humana’.

Claro reflejo de la fragilidad del ser humano que a través de la muerte descubre la vida.

Otra de las películas con un conmovedor mensaje final es ‘American Beauty’.
En la secuencia final aparece una bolsa de plástico movida por el viento mientras el protagonista detalla lo que se siente después de comprender el sentido de la vida justo en el momento de ser asesinado. No me resisto a transcribirte dicho diálogo… Allá va…
La voz en off de Spacey (en la versión original, claro) mientras se intercalan imágenes de lo que fue su vida. De lo REALMENTE IMPORTANTE de su vida:

‘Siempre había oído que toda tu vida pasa ante tus ojos el segundo antes de morir. Para empezar ese segundo no es un segundo en absoluto, se hace algo inmenso como un océano de tiempo… en mi caso aparecía yo tumbado boca arriba en el campamento de los Boy-Scouts mirando estrellas fugaces. Y las hojas amarillas de los arces que flanqueaban nuestra calle… o las manos de mi abuela y su marchita piel que parecía papel. Y la primera vez que contemplé el nuevo Firebird de mi primo Tony.

… y jenny… y Jenny… (su hija).

…y Caroline… (su mujer).

Supongo que podría estar bastante cabreado con lo que me pasó, pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplase toda a la vez… y me abruma. Mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar. Pero recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella y entonces fluye a través de mi como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida. No tienen ni idea de lo que les hablo. Seguro. Pero no se preocupen. Algún día la tendrán.’

Para acabar otro de esos apoteósicos finales que han marcado huella es cuando al replicante Roy (un androide casi humano) se le extingue la existencia en la película ‘Blande Runner’. Un alegato existencialista de lo más sublime.

[Deckard cae, pero Roy logra sujetarlo en el último momento. Le levanta en vilo y le deja sobre la azotea ]

Roy : Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

[Roy muere. La paloma sale volando hacia el cielo ]

Deckard (voice-over) : No sé por qué me salvó la vida. Quizás, en esos últimos momentos, amaba la vida más de lo que la había amado nunca. No solo su vida; la vida de todos, mi vida. Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos: de dónde vengo, adónde voy, cuánto tiempo me queda. Todo lo que yo podía hacer era sentarme allí y verle morir.

Claro que todo cobra todo su sentido en el momento de visionarla, así que te animo a que las veas.

La película vital

La película vital

 

Siempre me ha sorprendido la capacidad de ilusión del cine. ¡Con que magia puede condensar las experiencias! ¿O no es mágico que durante solamente dos horas se nos presente, sintetizada, una vida humana, con sus nudos biográficos entrelazando la esencia de aquella larga existencia? Ya quisiera el escritor realizarlo. Ya quisiera el pintor, el escultor, el arquitecto, llegar a semejante capacidad de síntesis. El espectador acaba buceando y sometiéndose al olvido de sí, haciéndose partícipe del hilo vital y conductor de aquel personaje. Pues, ¿qué son dos horas comparadas con toda una vida? Poca cosa.
¿Dónde está entonces el truco? Esa compresión temporal es, según dicen, la que la conciencia opera en los últimos momentos de la existencia personal.
El carrete se suelta y, en instantes, se devela lo más importante de una biografía. No sé, pues obviamente no lo he experimentado, si dicha película carece o no de estructura. Tampoco si deviene acompañada con alguna banda sonora. Ni si la conciencia mira entonces el tiempo de la manera acostumbrada. Confieso que mantendré cierta curiosidad distanciada sobre el tema, pero a nadie vendría mal recapitular, e imaginarse como sería, la película de su vida.
Imagina que filman anónimamente un día cualquiera de nuestro hacer cotidiano. ¿Que sería, una comedia, un drama?, ¿un aburrido documental? ¿Qué fondo musical la ambientaría? Seguramente, cualquier persona que visionara su cinta, operaría cambios en su vida. ¿O sufriría una gran depresión, al ver cuantas dos horas desaprovecha en su vida?
Tal vez parte del secreto de la magia fílmica esté en su ambientación musical que, aún no describiendo nada, intensifica la emoción de un momento o historia determinados, catalizando el sentir. Está allí pero raramente la percibimos. Quizás nuestra existencia fuera más intensa si dispusiéramos de una banda sonora. Acaso aquel beso parecería aún más romántico. Aquel sufrimiento aún más doloroso. Nuestras vidas, más de cine.
Ojalá se abran hoy, en sesión continua, los telones de nuestra sala interna.
Ojalá fuera, de verdad, alguna vez el día del espectador. Disfrutemos, riamos, lloremos, también, con la película de nuestra vida.

Releyendo viejos mensajes

Releyendo viejos mensajes

Estuve releyendo viejos mensajes. Mensajes que escribí y nunca llegaron a su destino. Mensajes que se quedaron aguardando en la memoria olvidada del ordenador. Renglones borrosos en sobres arrugados. Fechas estáticas que marcaron lo que quise decir a alguien aquel día y al final me quedé para mí mismo. Y para el recuerdo. Fechas del año 98, del 99. Fechas olvidadas del 2000.
Seguro que alguna vez tú has escrito también una carta, que no lanzaste a su destinatario. Mensajes importantes. «Las cosas que nunca se dicen, suelen ser las más importantes» Isabel Coixet. Aunque la importancia de las cosas se difumina tras los años.
Quizá tú también los hayas conservado después del tiempo.
He tenido una idea inspirada por la nostalgia, quizá una idea absurda: Lo que escribimos aquella vez, fue para ser leído, aunque un último impulso evitara esa posibilidad.
Cementerio de mensajes. De aquellos que no fueron enviados, o que si resultaron serlo pero no obtuvieron respuesta. Quizá mensajes sin destinatario aparente. O puede que mensajes que dieron algún fruto que ahora se ha perdido… Mensajes. Tus mensajes. Los míos. Los de él. Los de ella…
¿?

Carta a un abuelo

Carta a un abuelo

Muy señor mío:
Empresa sólo para una vez, por lo difícil, y de otro lado, empresa sin mérito y hasta completamente inútil, la de una carta sin verbos. ¡Abajo, pues, los escritos de semejante condición! Pero antes una sincera felicitación, mi entusiasta enhorabuena, así a usted como a su caro nieto, vivo retrato de un joven de principios del siglo XX, mancebo, según vocablo de nuestros clásicos, no menos famoso por su elegancia en el traje, por su discreta diplomacia en salud y plática, por su prodigalidad en finas atenciones, lo mismo con los habituales paseantes del Paseo de Gracia que con el oscuro empleado de cualquier oficina. Sí, mi bendición a entrambos, al abuelo y al nieto; pero lo más alto de esta bendición para el alma de usted, palacio de la fe y de la caridad; para usted, mil veces más venerable que por sus canas, por su vejez pura y casto recogimiento; por sus virtudes, resplandores del cielo, y por sus rezos, develos de sus noches, ocupación del día, entretenimiento de las fiestas y fiestas de sus pascuas.

El mundo sin tiempo

El mundo sin tiempo

Eva vive en un mundo donde el tiempo se puede detener. Cada vez que es necesario, el tiempo se detiene y se corrigen errores y situaciones que puedan afectar fatalmente a su mundo o simplemente por gusto.
En mi mundo el tiempo es continuo. Muchos deseamos que se detenga cuando creemos tocar la felicidad. Pero aquí, no pasa eso. En ese momento desearíamos vivir en el mundo de Eva. Sin embargo, los de éste mundo sabemos disfrutar más esos momentos. Luchar siempre por vivirlos, porque a diferencia del mundo de Eva, aquí el tiempo, sigue su tiempo.