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Autor: admin

El Principio de Peter y del porqué nuestros jefes son unos incompetentes

El Principio de Peter y del porqué nuestros jefes son unos incompetentes

El famoso Principio de Peter afirma que una persona competente asciende (como recompensa por su buen trabajo) hasta que alcanza un puesto en el que es incompetente. Momento en el que deja de ascender; pero no desciende. Lo cual garantiza que a largo plazo todos los puestos de una jerarquía están ocupados por personas que fueron buenas (en puestos inferiores), pero que en su actual ocupación son unos mantas. Y la organización, por supuesto, sufre. Un modelo matemático predice que éste es exactamente el destino de cualquier grupo organizado que ascienda de modo racional, a los más competentes en sus actuales puestos. Dado que los requerimientos de competencia son diferentes en los distintos niveles, el Principio de Peter garantiza la esclerosis de cualquier organización.

Vía: El retiario

La esencia que desconozco

La esencia que desconozco

Dice Lao Tse: Sólo puedo dar nombre a aquello cuya esencia desconozco.
El novicio, confuso, pregunta a su maestro qué significa esa frase.
-¿Conoces el rosal que crece junto a la puerta del monasterio?
-Sí, maestro.
-¿Recuerdas su aroma en las tardes de verano?
-Claro que sí, maestro.
-Y dime ¿cómo es?

Una mujer cualquiera

Una mujer cualquiera

Una mujer cualquiera, incluso una cualquiera
cuando abandona la posición vertical
e imita la de las aguas tranquilas,
hace girar a la tierra 90 grados.
El valor de un ángulo recto.
Esto es, cambia todas las perspectivas.

– Francisco Ayala. Cazador en el alba

Roger Eno · Ne Cede Mella

Roger Eno · Ne Cede Mella

Ne cede melia, mutis mutandis
onus probandi ne plus ultra, per se, a priori.
De facto, volente, ex tempore.
Festina lonte, truditur dies die
ultima Thule, ultra vires, vale, nota bene.
Ne plus ultra, per se, a priori.
Nota bene, pro re nata
nil admirari, nil desperandum
de facto, volente, ex tempore

Todo es pasajero y prematuro

Todo es pasajero y prematuro

Enséñame el nombre de las cosas.
Explícame por qué crecen las plantas, por qué se hunden sus raíces. Dime qué color es cada color, uno a uno. Por qué brillan el sol y la luna. Cuéntame de dónde vienen las palabras, cuéntame a dónde van las palabras, dime una a una todas las palabras que sepas. Con deleite me sentaré a escucharte…
Dime por qué todo es pasajero y prematuro.

La bondad del viaje

La bondad del viaje

Viajar es la forma primera de aproximarse a lo ignorado y ya se sabe que el problema de viajar es como el de las drogas: requiere cada vez una dosis mayor. Viajar supone salir del espacio natural de tu propia vida, de la monotonía del existir, incluso del aburrimiento que propone lo cotidiano. Supone también un ejercicio de libertad extraordinario, ya que los días no se gobiernan por la obligación sino por el gusto e, incluso, por el capricho. Significa, además, hacer cada día algo diferente, encontrar cada jornada nuevos rostros, disfrutar de situaciones insólitas, darte de bruces con una realidad que has soñado y que de pronto se convierte en parte de tu vida. Viajar, por otra parte, y eso es algo en apariencia contradictorio, acorta el tiempo, porque todo lo que encuentras a tu paso despierta tu interés, tu pasión o tu rechazo, logra que, en suma, te sientas arrebatado por los sentimientos. Y los sentimientos alargan el ritmo del reloj del corazón. Sin embargo, quedarte en casa acaba por ser una forma de repetir a toda hora los mismos ceremoniales, impulsa a tu ánimo a correr cuanto antes las cortinas del tiempo, acelera el cronómetro del existir. ¡Qué extraño es sentir, cuando viajas, que el tiempo se detiene ante la vorágine de la vida, mientras que, cuando te quedas quieto, el tiempo vuela! No has salido un año de tu hogar y parece que hubieran transcurrido quince días. Y te has ido quince días de tu casa y tienes la impresión de que hubieran pasado tres meses. ¡Ah, la bondad del viaje!

– Javier Reverte

La sangre a la sangre

La sangre a la sangre

El amor
es mandamiento, así pensaba
Kierkegaard. Mejor será
–pienso yo– amar, sin hacer
caso de ese mandamiento.
Reconociéndose
el alma con el alma,
respondiendo
la sangre a la sangre,
sin saber, en pleno
vuelo –hacia arriba
o hacia abajo–,
cuál habrá de ser
el lugar de destino.

– Jüri Talvet