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Categoría: Ciencia

Devenir

Devenir

Vio a la multitud, y pensó en las olas que se movían a través de ella, rompiéndose en una blanca espuma que la tragaba completamente. Las pequeñas figuras captaban débilmente los bordes de las olas como paradojas, enigmas, y oían el tictaquear del tiempo sin saber lo que sentían, y se aferraban a sus ilusiones lineales de pasado y futuro, de progresión, desde la apertura de sus nacimientos hasta la inevitabilidad de sus muertes. Las palabras se aferraron a su garganta. Siguió adelante. Y pensó en Markham y en su madre y en toda aquella incontable gente, sin soltar nunca sus esperanzas, y en su extraño sentido humano, su última ilusión, de que no importaba el cómo los días avanzaran a través de ellos: siempre quedaba el pulsar de la cosas por venir, la sensación de que incluso ahora aún quedaba tiempo.

– Gregory Benford, fragmento de su novela Cronopaisaje.

Alonzo Church

Alonzo Church

La idiosincrasia de algunos científicos nos lleva a recrearnos en divertidas anécdotas dignas de ser contadas. Este es el caso del matemático Alonzo Church (1903-1995), uno de los estudiosos en la lógica de computación y artífice del ‘cálculo lambda‘, determinante en la programación funcional así como en el lenguaje Lisp.
Church era bastante singular, así lo describe uno de sus estudiantes, Gian-Carlo Rota, que dice de él: «Parecía un cruce entre un oso panda y un gran búho. Hablaba lentamente como si leyera de un libro, uniforme, monótono, … tal como una máquina parlante. Cuando se interrumpía, se detenía durante un largo período incómodo hasta que volvía a recuperar el hilo argumental. Nunca hacia comentarios fuera de lugar, pues entendía que no pertenecían al bagaje de la lógica formal. Por ejemplo, jamás habría dicho: ‘Esta lloviendo’. Dicha frase, tomada aisladamente, no tenía sentido para él. Que en ese momento lloviera o no, no tenía interés, lo importante era la consistencia. Él hubiera dicho: ‘Debo posponer mi partida hacia la calle Nassau (donde residía) debido a que llueve, circunstancia que puedo verificar mirando por la ventana’.
Poseía una importante colección de novelas de ciencia ficción, la mayoría de las cuales eran gruesos volúmenes. Cada volumen estaba misteriosamente marcado con un círculo o bien con una cruz. Las correcciones a las enumeraciones de página incorrectas habían sido corregidas con lápiz.
Sus conferencias se iniciaban con diez minutos de ritual que él consideraba necesario: limpiar la pizarra hasta que ésta estuviera inmaculada. Y ello a pesar de que sus predecesores en la clase, que conocían su manía, se hubieran tomado la molestia de borrársela. Le daba lo mismo. La ceremonia jamás se eliminaba. Una ceremonia que muchas veces requería agua, jabón y cepillo y a la que seguían otros diez minutos de completo silencio hasta que la pizarra se secaba.
Tal vez preparaba la conferencia mientras borraba la pizarra, aunque no creo que fuera así. Sus conferencias apenas necesitaban ninguna preparación. Eran una repetición literal de algunas de sus obras, las cuales habían sido escritas durante un período de veinte años y todas se encontraban en la parte superior del salón de la biblioteca.»

El extraño caso de la luz que era más rápida que la luz

El extraño caso de la luz que era más rápida que la luz

En ocasiones las apariencias engañan, y en Ciencia puede llegar a crear confusión. Un caso que ilustra lo que acabo de sentenciar ocurrió hace unos años en la Redacción de una revista americana de índole científico con la llegada de una carta donde el lector solicitaba que le solventaran una duda sobre la velocidad de la luz.
Aquella carta planteaba la siguiente cuestión: según las teorías de Einstein, ninguna cosa puede superar la velocidad de la luz en el vacío, y como esa ‘prohibición’ es absoluta resulta imposible diseñar una experiencia simple, que respete todas las leyes generales de la Física, y que sin embargo tenga como resultado que algo se mueva más rápido que la luz. Sin embargo -proseguía el lector- existe una experiencia con muchas dificultades prácticas pero ninguna dificultad teórica que viola esa limitación. Consiste en colocar en la superficie de la Tierra un reflector (como los de los faros marinos o como los que se utilizan en el campo militar para iluminar de noche a un avión atacante) que tenga una gran potencia y que proporcione un haz muy pero muy estrecho, que casi no se disperse al alejarse de su fuente. Esta especialísima lámpara podría estar ubicada sobre la línea del Ecuador, con su rayo apuntando al zenit, es decir alejándose de la Tierra en forma perfectamente vertical.
(Una aclaración antes de seguir adelante. En la época en que el lector planteó el problema era imposible lograr un haz tan estrecho, pero actualmente, con el desarrollo del láser, la experiencia se vuelve prácticamente realizable. De todas maneras basta con que el caso sea teóricamente posible para que la hipótesis de su inventor tenga validez.)
Si la Luna se interpone en el camino de esa luz, como que es tan estrecha y concentrada formaría sobre la superficie de nuestro satélite una mancha luminosa de pequeñas dimensiones, digamos no más que un metro de diámetro. Ahora bien, la Tierra gira sobre su eje a una velocidad de 360 grados sexagesimales cada 24 horas, es decir que ese haz de luz barrería un ángulo de 15° en una hora. Como la Luna está a 384.000 Km de distancia, se vería a la mancha luminosa moverse sobre la superficie lunar a poco más de 100.000 Km/h, una velocidad grande pero muy inferior a la de la luz. Claro que si se supone que el haz no se dispersa ni pierde potencia por el camino, es posible imaginar que, en vez de la Luna, intercepta el paso del haz de luz un astro imaginario mucho más lejano. La Trigonometría indica que si ese planeta estuviera a 4.100 millones de kilómetros (nada del otro mundo, apenas 1/250 añosluz), la mancha de luz se movería sobre su superficie a una velocidad un poco superiora la de la luz.
Desde luego existen dos planetas reales situados a una distancia de la Tierra mayor que la señalada: Neptuno está a cierta altura del año a 4.350 millones de Km y Plutón, en promedio, a unos 6.000 millones.
Aparentemente ese experimento es lógicamente consistente y viola el principio de Einstein. ¿Querrá decir que el sabio se equivocó? ¿Dónde está el fallo en el razonamiento de este lector? Como se dijo al principio, hay que tener un exquisito cuidado con las palabras: Einstein nunca dijo que ninguna cosa podría moverse más rápidamente que la luz, sino que ningún objeto físico, partícula u onda electromagnética podría superar ese límite. Y los objetos físicos, las partículas o las ondas son cosas, pero no todas las cosas. Las sensaciones, por ejemplo, son otro tipo de cosas.
Y el aparente movimiento de la mancha es una sensación: en realidad, cuando el observador detecta ahora una mancha aquí y luego otra mancha, instantes después, más allá, tiene la sensación de que algo se ha movido, pero no hay ningún movimiento real de ondas en esa dirección. Los fotones que conforman la primera mancha no son los mismos que forman la segunda, y por lo tanto las dos manchas son fenómenos totalmente independientes, e interpretar que la mancha se ha movido es un engaño de nuestra vista, no un fenómeno físico real de movimiento.
Para verlo más claro podría simplificarse el problema imaginando uno de esos tableros luminosos constituidos por miles de bombillas eléctricas y en los que pueden leerse la hora y temperatura o noticias del momento. Las bombillas no hacen otra cosa que encenderse y apagarse, con independencia unas de otras, pero el observador tiene la sensación de que las letras se mueven de derecha a izquierda. La velocidad de movimiento de esa imagen depende de un programa con cinta perforada o similar, y en principio no hay razón alguna que impida que las letras ‘avancen’ una columna de bombillas a la velocidad que se quiera. Es más: si se lograra que una letra se encendiera aquí y allá al mismo tiempo, a velocidad de ese movimiento aparente seria infinita (claro está que esa coincidencia perfecta sí que sería imposible de lograr, y además desaparecería la ilusión de movimiento). Pero lo que importa es que la experiencia del haz que alumbra a un lejano planeta es perfectamente lógica, que sin duda la mancha luminosa podría moverse más rápido que lo que indica la Teoría de la Relatividad… sin por eso desmentir a Einstein.

Ácaros

Ácaros

Son los ácaros, miles y miles de diminutos ácaros. Ácaros machos, ácaros hembras y ácaros recién nacidos, que se apiñan al lado de las grandes aglomeraciones formadas por los cadáveres momificados de sus viejos tatarabuelos muertos hace mucho tiempo. Algunos hermanos suyos también circulan por la cama, donde han pasado la noche en la tibieza y la comodidad de las sábanas, y ahora -cuando aparece un gran peso por encima de ella- comienzan a estremecerse también durante el día.
Esta situación puede parecer desagradable, pero es bastante normal. Para que estos pequeños animales aparezcan no es preciso utilizar durante varias semanas las mismas sábanas o dejar que el perro se arrastre por donde más le guste, ni siquiera imaginar actividades diversas en habitaciones infestadas de sabandijas. Aunque la habitación esté bien aireada, el suelo esté limpio, y al perro ni siquiera se le permita jugar, los ácaros continuarán estando allí. Los estudios epidemiológicos demuestran que casi el 100 A los ácaros se les ha llamado ‘bolsas con patas’, denominación que constituye una fiel descripción de su aspecto habitual. Tienen un cuerpo desnudo casi en su totalidad; unas cuantas placas sueltas que les sirven de coraza; agujeros para respirar, comer, eliminar y copular, y muchos hirsutos pelillos en toda su superficie, que les ayudan a apreciar sensitivamente qué está ocurriendo a su alrededor. Poseen ocho patas, porque hace 300 millones de años pertenecieron a la misma línea evolutiva que la araña. Desde entonces las arañas han evolucionado hasta convertirse en grandes carnívoros cazadores con muchos ojos, mientras que los ácaros han seguido una senda distinta, y muchos de ellos han acabado como pacíficos seres dedicados a masticar cualquier cosa que caiga de las criaturas de mayor tamaño en cuyo hábitat se refugian.
En una casa estos despojos que constituyen el alimento de los ácaros son principalmente pequeñas escamas de piel humana. Hay muchísimas. Caen cuando una persona se mueve en la cama, y se desprenden mientras ésta se viste. Saltan del cuerpo en grandes cantidades cuando caminamos -decenas de miles de escamas cutáneas por minuto- y el ritmo de caída sólo disminuye cuando nos quedamos absolutamente quietos. Las escamas cutáneas son algo insignificante para el ser humano, que sólo es posible advertir cuando se acumulan formando polvo, pero para los ácaros constituyen un auténtico maná.
Escondidos en la base de las alfombras, estos ácaros se limitan a esperar con la boca hacia arriba que llueva sobre ellos esta perpetua nube de escamas de piel. Para los ácaros que habitan en la cama (unos 150.000 por cada 100 gramos de polvo en un colchón; un total de 2.000.000 en una cama normal de dos plazas) los jirones flotantes de piel son aún más accesibles, ya que éstos atraviesan el tejido de cualquier pijama que utilice una persona o el espacio que hay entre las fibras individuales de las sábanas que cubre el colchón, y van cayendo sobre los ácaros, que no tienen más que esperar su alimento. El calor que se genera en el lecho es muy atractivo para los ácaros, ya que tuvieron su origen en los trópicos; no obstante, también habitan en las alfombras, reduciendo todo su ritmo de actividad para acomodarse a la mayor frialdad del tejido de la alfombra en cuestión.
En estos hábitats tan bien protegidos los ácaros realizan la misma actividad a la que se dedican la mayoría de los animales durante su existencia terrestre. Comen, defecan y -en el momento propicio- copulan. Cada ácaro produce unas veinte bolitas de excrementos al día, que salen de unas válvulas anales especiales. Las bolitas fecales son tan pequeñas que flotan, dan vueltas y viajan por toda la casa, quizá como ascendente ofrenda a los dioses que bondadosamente les permiten mantenerse vivos gracias al alimento que proporcionan las escamas de piel.
Algunos ácaros muertos y momificados son lo bastante huecos y ligeros de peso como para flotar también, formando así otra ofrenda funeraria de estilo egipcio que se une a las bolitas fecales. Sin embargo, existe un punto que diferencia a los ácaros de los antiguos egipcios. No todas las vainas con forma de ácaro que flotan por la casa son momias, algunas consisten en caparazones desechados por los ácaros en crecimiento. Al igual que muchos insectos, estos ácaros que residen en las alfombras y las camas cambian periódicamente de piel; esta piel se seca, se resquebraja, y aparece un nuevo ácaro desnudo.
Aproximadamente medio día después de haber renacido de este modo los nuevos ácaros están en condiciones de emparejarse. Se trata de un proceso delicado. En ciertos casos el macho produce un paquete hermético de esperma, lo deposita sobre una superficie apropiada, y a continuación se marcha. La hembra, que no ha intervenido hasta el momento en dicho proceso, se coloca sobre el paquete, o bien -en el caso de aquellas hembras cuyos orificios genitales estén en su parte superior- se tienden de espaldas sobre él.
No es un sistema habitual en lo que a los insectos se refiere, pero funciona. Se han encontrado familias de ácaros formadas por miles de miembros, viviendo a 5.000 metros de altura en el monte Everest. Otras han sido halladas en la Antártida, en las profundidades del océano Pacífico e incluso -en el caso de una especie de Nueva Guinea- hay algunas que pasan toda su vida, lo cual incluye procesos de emparejamiento con éxito, dentro de las excrecencias musgosas que aparecen en las espaldas de los grandes gorgojos que viven en las selvas húmedas. En comparación con este hábitat, el entorno de las camas y los suelos residenciales no resulta demasiado riguroso para los ácaros.

Fuente: Los secretos de una casa, de David Bodanis

Mecánica cuántica

Mecánica cuántica

Hubo una época en que los periódicos decían que sólo doce hombres comprendían la teoría de la relatividad. No creo ni que existiera una época así. Podría haber existido una época en que tan sólo un hombre comprendiera dicha teoría, antes de publicarla, porque fuera el único que había caído en la cuenta de que las cosas podían ser así. Pero, después de que los demás leyeran su publicación, muchas personas comprendieron, de una forma o de otra, la teoría de la relatividad. Seguramente fueron más de doce. Por otra parte, creo que puedo afirmar sin riesgo de equivocarme que nadie comprende la mecánica cuántica.

Richard Feynman (1918-1988)
Dimensiones

Dimensiones

Es conveniente recordar que nosotros (seres tridimensionales) nunca tocamos o vemos un cuerpo sólido; sólo vemos la superficie y tocamos la superficie. Si quitamos la superficie que vimos o tocamos primero, llegamos a otra superficie, y así sucesivamente.

Charles H. Hinton

Fórmula para crear un Universo

Fórmula para crear un Universo

Bill Bryson, en su interesante libro de divulgación científica ‘Una breve historia de todo’, nos brinda una curiosa forma de crear un Universo.

Un protón es una parte infinitesimal de un átomo, que es en sí mismo, por supuesto, una cosa insustancial. Los protones son tan pequeños que una pizquita de tinta, como el punto de esta ‘i’, puede contener unos 500.000 millones de ellos, o bastante más del número de segundos necesarios para completar medio millón de años. Así que los protones son extraordinariamente microscópicos, por decir algo.

Ahora, imagínate, si puedes -y no puedes, claro-, que aprietas uno de esos protones hasta reducirlo a una milmillonésima parte de su tamaño normal en un espacio tan pequeño que un protón pareciese enorme a su lado. Introduce después, en ese minúsculo espacio, 30 gramos de materia. Muy bien. Ya estás en condiciones de poner un universo en marcha.

Simplicus y el árbol

Simplicus y el árbol

Quien más quien menos, en alguna ocasión, ha tenido pensamientos solipsistas. Es una sensación extraña que transforma nuestra forma de percibir la realidad para convertirla en algo confusa e irreal. Sólo cuenta nuestra conciencia como única y válida, lo demás es mero fruto de la mecánica de nuestro pensamiento.
Imagina por un momento que tus cinco sentidos quedan anulados, es decir, no podrías ni ver, ni oír, ni oler, ni tendrías sensación de tacto, ni de peso, etc. Como si flotarás en el espacio intergaláctico. Sólo contaría tu pensamiento como único contacto con la existencia. Sería el solipsismo total.
Esto me lleva a pensar que son los sentidos los que nos mantiene en alerta sobre otras realidades externas. Sin embargo, somos nosotros, individualmente, los que procesamos y conformamos estas realidades a nuestro antojo, sino pregúntaselo a Simplicus.

Simplicus y el árbol por Raymond Smullyan

SIMPLICUS: Estoy disfrutando de este árbol.
PRIMER FILÓSOFO: No, no estás disfrutando de este árbol, sino de la luz de este árbol. No es el árbol lo que estimula tus órganos visuales, sino su luz reflejada. Por tanto, estás disfrutando de la luz del árbol.
SEGUNDO FILÓSOFO: No, no, no es la luz de lo que está disfrutando, sino la imagen que la luz forma en su retina.
TERCER FILÓSOFO: ¡Eso es fisiología superficial! La imagen de la retina no podría afectarle si sus nervios ópticos estuvieran muertos, y sus nervios ópticos no son más que una parte de su sistema nervioso y neurológico. Por tanto, en realidad está disfrutando de las actividades de su sistema nervioso y neurológico.
CUARTO FILÓSOFO: Creo que es engañoso decir que está disfrutando de esta actividad fisiológica; yo diría en cambio que su placer ante el árbol es la actividad fisiológica.
CARTESIANO: ¡Estáis todos equivocados! El proceso fisiológico no es más que el complemento material de un proceso mental o espiritual interior; es de esta actividad espiritual del alma de lo que está disfrutando.
IDEALISTA: Sólo que la demostración de lo que tú llamas complemento material de su proceso mental, como ya he justificado, no es concluyente. No creo en la existencia de este ‘árbol’. La forma correcta de formular la frase sería, por tanto, que la mente o el alma de Simplicus está disfrutando de su idea del árbol.
MÍSTICO IDEALISTA: Niego la existencia de las mentes individuales. ¡No existe la mente de Simplicus ni nada que se le parezca! Sólo hay una mente universal llamada alma mundial, conciencia cósmica Dios, el Absoluto, o lo que sea, y es esta mente universal o absoluta la que está disfrutando del árbol, que existe como idea.
MÍSTICO REALISTA: El punto de vista de mi amigo el místico idealista es aproximadamente el polo opuesto al mío, y sin embargo, se acerca al mío -en el sentido de identidad abstracta o isomorfismo- más que ninguno de los que se han expresado hasta ahora.
Parto de la premisa de que la realidad es puramente material. Lo único que existe es el universo material, que para ciertos fines puede descomponerse en partículas materiales y sus movimientos. El placer que Simplicus siente al contemplar el árbol es en realidad un suceso o un conjunto de sucesos en el sistema nervioso del cuerpo de Simplicus. Este punto de vista, aunque correcto, me parece incompleto. Simplicus no es un sistema físico cerrado.
Cuando Simplicus tiene un pensamiento, las partículas de su cerebro se mueven no sólo respecto de sí mismas, sino también respecto de cada partícula de la totalidad del universo. Así pues, yo considero los pensamientos de Simplicus una actividad del universo en total. De esta manera, en vez de decir que Simplicus está disfrutando del árbol, yo diría que es todo el universo físico el que está disfrutando del árbol.
PRIMER POSITIVISTA LÓGICO: Me pregunto si de verdad existe diferencia de contenido entre las opiniones del místico idealista y del místico realista, o si se diferencian sólo en terminología. ¿Cómo puedo saber si cuando el primero dice material y el segundo mental, o el primero universo físico y el segundo mente universal, sencillamente están empleando palabras diferentes que denotan lo mismo?
SEGUNDO POSITIVISTA LÓGICO: Dudo que esta pregunta en si misma tenga ningún contenido cognoscible. ¿Cómo se puede verificar si se refieren a cosas distintas?
FÍSICO: Este tipo de pregunta se sale de mi terreno. Me gustaría volver al punto de vista del místico realista. Evidentemente este punto de vista me interesa en tanto que utiliza la terminología científica. Sin embargo, tiene un punto débil que raya en lo ridículo. Estoy conforme con que traduzca la frase ‘Simplicus disfruta del árbol’ a ‘El universo disfruta del árbol’.
Ahora supongamos que cualquier otro -digamos, Complicus- pasa por aquí y dice que disfruta del árbol. El místico vuelve a traducir la frase ‘Complicus disfruta del árbol’ a ‘El universo disfruta del árbol’. Así que cuando el místico realista dice ‘El universo disfruta del árbol’, ¿cómo podemos saber si es Simplicus, Complicus o cualquier otro -o un perro, pongamos por caso- quien está disfrutando del árbol?
MÍSTICO REALISTA: Me gustaría señalar en primer lugar que de profesión también soy físico. Naturalmente, cuando me dedico a la física o me ocupo de mis actividades cotidianas, utilizo la terminología más específica y descriptiva ‘Simplicus está disfrutando del árbol’, o ‘Complicus está disfrutando del árbol’, en lugar de ‘El universo está disfrutando del árbol’. El hecho de que considere el placer de Simplicus y el placer de Complicus como casos especiales del placer del universo, no significa que los considere hechos idénticos. Así que por supuesto, cuando es necesario concretar (lo que ocurre casi todo el tiempo) soy concreto. Pero para otros fines -que pueden llamarse espirituales, místicos o religiosos- creo que es mas provechoso considerar estos sucesos particulares como una actividad del universo en su conjunto.
TEÓLOGO CRISTIANO: Ya que has sacado la palabra religión, ¿puedo preguntar si sinceramente crees que es posible incluir en tu concepción materialista del mundo las ideas fundamentales de la religión como Dios, alma, voluntad divina, premio y castigo? Si lo único que existe es la materia, ¿qué sentido tiene que mi alma sea inmortal, y cómo puedo esperar el castigo o temer el premio?
PSIQUIATRA: Creo que quieres decir temer el castigo y esperar el premio.

MÍSTICO REALISTA (divertido): Claro que puedo integrar todas esas ideas en mi concepción materialista del mundo. Por Dios entiendo todo el universo.
Utilizo las palabras alma o mente con mucha frecuencia. No soy dualista en tanto que no considero el alma una sustancia, como la materia. En cambio, el alma es para mi una combinación de recuerdos y disposiciones. Si tengo una buena grabación de una composición musical y el disco se cae y se rompe, no es ninguna tragedia, suponiendo que puedo conseguir otra copia. Lo que importa en un determinado disco no son sus átomos concretos, sino el patrón que se ha impreso en ellos. Este patrón es lo que bien podríamos llamar alma del disco -su propensión a reencarnar la idea musical. De igual forma, el alma de un hombre se compone de sus recuerdos y sus tendencias conductuales.
En este sentido, parece perfectamente natural considerar que el universo tiene un alma, que es el patrón. Si prefieres que utilice la palabra Dios para referirme a este alma o patrón, no me importa. Al fin y al cabo, supongamos que por arte de magia todos los átomos del universo fueran reemplazados por una partícula idéntica o, si esto carece de significación empírica, supongamos que todas las principales partículas del universo se reorganizaran radicalmente, pero finalizaran en un patrón idéntico al actual. Yo no diría que el universo había experimentado ningún cambio significativo; seguiría teniendo el mismo patrón o alma. Sin embargo, difiero del idealista o del dualista que conciba el alma como una sustancia, a menos que (¿es posible?) consienta en llamar sustancia a un patrón. En ese caso, nuestra diferencia no es metafísica en absoluto, sino puramente terminológica. Esto me sugiere las siguientes ideas acerca del dualismo versus monismo.
Puedo entender la distinción entre un determinado cuerpo y su patrón si existe al menos otro cuerpo con el mismo patrón. Pero dado que sólo hay un universo, es difícil comprender la diferencia entre el universo y su patrón.
Esto significaría que podemos distinguir la mente de un hombre del cuerpo de un hombre, o la mente de un perro del cuerpo de un perro, pero en el caso límite de Dios, el cuerpo de Dios probablemente coincide con la mente de Dios. Dicho en lenguaje matemático, la materia y la mente pueden ser localmente diferentes, pero globalmente iguales.
Antes de pasar a la segunda pregunta del teólogo, quiero señalar que siempre me ha parecido sumamente curioso que muchos científicos -incluso los informáticos- no tengan ningún problema para utilizar términos como pensamiento, propósito, premio y castigo tanto para las personas como para los ordenadores, pero rechacen totalmente la idea de aplicar esos llamados términos antropomórficos al universo en conjunto. ¡Claro que el universo es en su mayoría inorgánico, pero también lo es un ordenador! Me temo que este es un triste reflejo del continuo egocentrismo de la humanidad. Descartes creía que las personas piensan, pero los perros no. (¡Aunque su perro pensaba de otra manera!) La gente que hoy cree que las personas piensan, cree que los perros también piensan. Con respecto a las plantas, hay dudas, pero al llegar a la materia inorgánica, la mayoría traza una barrera. Como si hubiera una especie de jerarquía social-piedras, plantas, perros, personas. Decimos que las piedras están muertas o son inertes. Claro que las piedras están muertas en el sentido estrictamente biológico. En cambio, la palabra inerte es confusa, considerando la vida increíblemente rica y las actividades de su estructura molecular interna. Pero el rechazar la aplicación de términos antropomórficos a la globalidad del universo, cuya estructura es tan vasta y compleja en comparación con la de cualquier persona u ordenador -de hecho incluye a todas las personas y ordenadores- rechazar esta terminología para el universo como un todo, me parece totalmente injustificable. No, con toda seguridad tengo absolutamente el mismo derecho a aplicar términos como pensamiento, sentimiento y planificación al universo en conjunto que a entidades que no son más que partes del universo. Que los tontos conciban estos términos como exclusivamente operativos. Mi llamado misticismo no consiste en dar ningún significado metafísico a esta terminología, sino exclusivamente en las respuestas emocionales que esta terminología tiende a generar. En cualquier caso, dentro de esta terminología evidentemente tiene sentido considerar que el universo tiene una finalidad, o que nos premia o nos castiga por nuestras acciones. Por ejemplo, yo diría que el universo castiga a un bebé -por su bien- si pone la mano en el fuego.
En lo que se refiere a la vida después de la muerte, no tengo una opinión definitiva. En principio no existe ninguna razón a priori por la cual después de mi muerte corporal los recuerdos de mi vida no puedan permanecer en el universo e incluso terminar en una reencarnación, y en principio podría ser posible que en ese momento se me premiara o castigara mi comportamiento actual. Pero todo esto no son más que especulaciones.
Hay un aspecto de la religión -al menos de la religión occidental- que el teólogo no ha mencionado, y que podría ser más difícil de incorporar a un marco puramente materialista. Se trata de la idea de que Dios creó el universo. Para ello, tendría que retirar mi anterior afirmación y quizá la mente de Dios coincida con el cuerpo de Dios. Si se me permite distinguir el universo concreto de su forma o patrón abstracto, entonces puedo decir que el patrón del universo existió como posibilidad lógica antes que el universo, o mejor aún, que existe completamente fuera del tiempo. Así, la creación del universo por Dios puede significar la encarnación concreta de este patrón. Es posible que esta visión no esté muy lejos del significado de la frase ‘Al principio fue la palabra’.
TEÓLOGO CRISTIANO: ¿De verdad crees que toda religión debe encuadrarse en un marco puramente materialista?
MÍSTICO REALISTA: ¡No, en absoluto! Me da exactamente igual que la religión se encuadre en un marco materialista o puramente idealista o dualista.
Ninguno me parece preferible. Personalmente, pienso en términos materialistas, aunque no soy nominalista, ya que mi ontología incluye de hecho entidades abstractas como formas y modelos. Lo que quiero decir no es que la religión deba expresarse en términos materialistas, sino que puede expresarse en términos materialistas. Lo que reivindico es que el meollo de la religión-esa parte de la religión de principal significación ética y psicológica-es totalmente independiente de cualquier argumento metafísico.
PRIMER EPISTEMÓLOGO: ¡Basta ya de teología! Vayamos a la práctica. ¿Cómo puede saber Simplicus que está disfrutando del árbol?
SEGUNDO EPISTEMÓLOGO: Simplicus no ha dicho que supiera que estaba disfrutando del árbol, sino sólo que estaba disfrutando del árbol.
PRIMER EPISTEMÓLOGO: ¿Pero sabe Simplicus si está disfrutando del árbol?
SEGUNDO EPISTEMÓLOGO: No lo sé.
PRIMER EPISTEMÓLOGO: ¿Cómo sabes que no lo sabes?
SEGUNDO EPISTEMÓLOGO: No lo sé.
PRIMER EPISTEMÓLOGO: ¿Entonces cómo puedo saber que Simplicus sabe que está disfrutando del árbol? Por lo que sé, puede que no sepa que está disfrutando del árbol.
RABINO: ¡Está bien, puede que no sepa que está disfrutando del árbol!
PRIMER MEANY: ¡En realidad no creo que Simplicus esté disfrutando del árbol!
SEGUNDO MEANY: ¡Exactamente! El mismo hecho de que lo diga demuestra que no.
TERCER MEANY: Claro, si de verdad estuviera disfrutando del árbol, no tendría por qué decírnoslo. Cuando alguien verdaderamente disfruta de algo, no necesita proclamarlo a los cuatro vientos. Cuando Simplicus dice ‘Estoy disfrutando de este árbol’, yo creo que este caballero está protestando.
MORALISTA: No, no, es obvio que Simplicus está disfrutando del árbol -no hay más que verle la cara. La cuestión es si tiene derecho a disfrutar del árbol.
SEGUNDO MORALISTA: ¡Exactamente! Con todo el hambre, la miseria y la injusticia social que hay en el mundo, ¿qué demonios hace aquí Simplicus sentado bajo este árbol, cuando tendría que estar ayudando a estas causas?
MAESTRO ZEN: Toda esta metafísica, teología, epistemología y ética es sin lugar a duda interesante, pero ¿cree alguno de vosotros haber captado el más mínimo rayo de luz del significado de la afirmación original de Simplicus?
Cuando Simplicus dice ‘Estoy disfrutando de este árbol’ no quiere decir ni más ni menos que Simplicus está disfrutando del árbol. Todos vosotros habéis partido de la suposición tácita, aunque totalmente injustificada, de que esta afirmación expresa una relación entre un sujeto y un objeto. Todos han estado discutiendo quién ha hecho qué a quién, es decir, qué era lo que era disfrutado y quién era en realidad el que disfrutaba. ¿No podéis aceptar el hecho de que Simplicus disfrute del árbol como un hecho no analizable? Toda frase pierde su significado cuando se traduce. Esta frase, ‘Simplicus está disfrutando del árbol’, significa sencillamente que Simplicus está disfrutando del árbol.
DISCIPULO ZEN: ¡Mi maestro tiene razón! La verdad es simplemente que no hay ningún Simplicus que disfrute, ni ningún árbol del que disfrute Simplicus.
En realidad, sólo existe el hecho no analizable de que Simplicus está disfrutando del árbol. Este hecho no es una relación, sino un acontecimiento en el gran vacío.
MAESTRO ZEN (dándole un cachete al principiante): ¡Simple! Tú que estás ‘iluminado’ lo sabes todo acerca de la verdad, la realidad, y el gran vacío ¿no? Y te corresponde a ti iluminar a todos estos ‘ignorantes’ con tu nueva sabiduría…
DISCIPULO ZEN: Pero maestro, ¿cómo si no puedo conseguir que esta gente comprenda la esencia de la afirmación de Simplicus?
MAESTRO ZEN (sacudiéndole de nuevo): ¡Callándote la boca! Maldita sea, ¿cuántas veces tengo que decirte que no hay ninguna esencia que comprender?
Si estas personas no son capaces de comprender perfectamente la afirmación ‘Estoy disfrutando de este árbol’, quizá unos cuantos azotes con este bastón sirvan para iluminarlas.
SEGUNDO MAESTRO ZEN: Yo creo que habría que azotar a todos los que están aquí, independientemente de que comprendan la afirmación de Simplicus o no.
TERCER MAESTRO ZEN: Aún más, yo creo que habría que dar un no-azote con un no-bastón a todos los que están aquí.
MORALISTA (muy alarmado): ¡Esta conversación psicótica ha ido demasiado lejos! Como no cese inmediatamente, y quiero decir inmediatamente, me enfadaré mucho, y cuando me enfado, me vuelvo muy desagradable.
SIMPLICUS: ¡Pero el árbol es precioso! ¿Por qué no iba a disfrutar de él?

Meany= Término tomado de la película ‘Yellow Submarine’ de los Beatles, en la que a los malos se les llamaba ‘blue meanies’.