No sabía nada
No sabía nada, y me empecinaba en creer que el tiempo de los milagros crueles no había terminado.
~ Solaris de Stanislaw Lem
No sabía nada, y me empecinaba en creer que el tiempo de los milagros crueles no había terminado.
~ Solaris de Stanislaw Lem
Se dice que Rubén Darío memorizó todo el diccionario español; que Víctor Hugo tenía como único ejercicio físico escribir parado; que Dylan Thomas escribió tres preciosos versos que no los entendía ni su madre; que los poemas de amor de Pablo Neruda jamás conocieron correcciones ni borradores; que García Márquez escribía interminables cartas a su inexistente amada o a su señora madre sólo para encontrar inspiración; que las obras de William Shakespeare fueron atribuidas a más de veinte personas, entre ellas, la reina Isabel; que Juan Rulfo habitaba los cementerios robando el nombre a las lápidas para ponerlas a sus personajes; que la sola imagen de una niña con los pantalones embarrados desencadenó ‘El Sonido y la Furia’ de William Faulkner; y que el más grande escritor Latinoamericano jamás existió, que un actor italiano lo caracterizaba y hoy sólo leemos los escritos trabajados por un grupo de eruditos, quienes firman con el nombre: ‘Jorge Luis Borges’.
Y recuerda que la verdad es efímera…
Andersen dedicó a su madre el cuento ‘La pequeña cerillera’ por su extrema pobreza.
– Wislawa Szymborska.
‘Un viajero nunca es experto del todo, porque es muy curioso y se mete en muchas situaciones que no controla bien’.
~ Javier Reverte
Nuevo libro de Javier Reverte, ‘Colinas que arden, lagos de fuego’ (Plaza y Janés).
(…) —Estaba al borde de un cantero, una flor amarilla cualquiera. Me había detenido a encender un cigarrillo y me distraje mirándola. Fue un poco como si también la flor me mirara, esos contactos, a veces… Usted sabe, cualquiera los siente, eso que llaman la belleza. Justamente eso, la flor era bella, era una lindísima flor. Y yo estaba condenado, yo me iba a morir un día para siempre. La flor era hermosa, siempre habría flores para los hombres futuros. De golpe comprendí la nada, eso que había creído la paz, el término de la cadena. Yo me iba a morir y Luc ya estaba muerto, no habría nunca más una flor para alguien como nosotros, no habría nada, no habría absolutamente nada, y la nada era eso, que no hubiera nunca más una flor. El fósforo encendido me abrasó los dedos. En la plaza salté a un autobús que iba a cualquier lado y me puse absurdamente a mirar, a mirar todo lo que se veía en la calle y todo lo que había en el autobús. Cuando llegamos al término mino, bajé y subí a otro autobús que llevaba a los suburbios. Toda la tarde, hasta entrada la noche, subí y bajé de los autobuses pensando en la flor y en Luc, buscando entre los pasajeros a alguien que se pareciera a Luc, a alguien que se pareciera a mí o a Luc, a alguien que pudiera ser yo otra vez, a alguien a quien mirar sabiendo que era yo, y luego dejarlo irse sin decirle nada, casi protegiéndolo para que siguiera por su pobre vida estúpida, su imbécil vida fracasada hacia otra imbécil vida fracasada hacia otra imbécil vida fracasada hacia otra…
~ Julio Cortázar extracto de ‘Una flor amarilla’
‘No me sorprendió que el infierno fuera una biblioteca. Subir la piedra de la ignorancia por una montaña de libros, sin alcanzar nunca la cima del conocimiento, es la más refinada versión del suplicio de Sísifo’.
~ Fragmento de ‘El libro infierno’ de Carlo Frabetti