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Categoría: Microcuentos

Churchill matemático

Churchill matemático

Una vez tuve un sentimiento acerca de la matemática: que la veía toda. Las capas más y más profundas se me revelaban, la cima y el abismo. Vi -como uno puede ver el paso de Venus o aun el gran espectáculo celestial- un número atravesando el infinito y cambiando su signo de más a menos. Vi exactamente por qué ello ocurría y por qué la transformación era inevitable pero fue después de la cena y lo dejé pasar.

Polvo de estrellas

Polvo de estrellas

Una vez un hombre miró el sol que se escondía tras el horizonte, pero por primera vez en mucho tiempo no se sintió solo. Observó las estrellas que empezaban a titilar suavemente en el cielo, y después, la hierba, aún verde, el árbol hermoso, y el agua cristalina y pura y leve que corría alegre por el arroyo. Mas aquella tarde no se sintió solo, porque comprendió que todas las cosas -el sol, el cielo, el horizonte, la verde hierba y el árbol hermoso, el agua transparente y fresca- eran una sola y misma cosa : polvo de estrellas. Y él también era polvo de estrellas.

Sin embargo, a pesar de ser todos una misma cosa, el árbol era árbol, la hierba, hierba, y el agua, agua; y él, hombre. Vio que el árbol tenía todo cuanto necesitaba a su alrededor para ser árbol, lo mismo que la hierba para ser verde o que el agua para ser líquida y fresca. Entonces aquel hombre comprendió en lo más profundo de su ser que la Naturaleza siempre le proporcionaría todo lo que le fuese necesario para ser Hombre.

Luz de luna

Luz de luna

Sería a causa de la luz lunar, que todo en distancia se vuelve irreal, pero al ver la figura alada posada aquella noche en la cornisa de la ventana, lo primero que pensé era que un ángel venía a mí. Un poco más tarde, ya calmado y procurando mirar con atención, me di cuenta de que el difuso brillo lunar sólo iluminaba mi alma que huía.

Un par de labios

Un par de labios

parlabios

Un par de labios empezaron a hablar. Se dijeron cosas que yo no pude escuchar. Un par de labios se empezaron a tocar, lentamente, torpemente…
Un par de labios se estrecharon en una caricia íntima, carnosos y húmedos, como rosas abiertas. Una lengua se abrazó a la otra, una lengua se enroscó en la otra. La saliva de una boca empezó a ser la de la otra. Un par de labios se separaron. Un par de labios se dijeron adiós para siempre. Un par de labios se conocieron aquella tarde. Ya sé lo que se dijeron al principio: «Dame un beso», sólo eso, ¿para qué más?

Domingo

Domingo

Domingo. Después de depositar delicadamente dos docenas de dalias donde Diana dormía, Daniel decidió dejarla. Dos dedos delgados, deliciosos, de Diana, descansaban detrás del drapeado dosel.
‘Dick dice disparates -discurrió-. Duerme, dulce Diana. Dentro de diez días descubrirás dónde debí dirigirme.’ Dolorido, desesperado, Daniel deambuló dejando Detroit. Diana despertó.
Desperezándose, dijo: ‘¿Dalias? ¡Doscientos dólares debió dejarme!
¡Degenerado!’ Destapó dos damajuanas dietéticas, deglutió diez damascos, deshojó doce dalias… Disparó… Detroit dormía.

Sábado

Sábado

Sábado. Siniestros sonidos surcaban sombríamente Salamanca.
Sintiéndose solitario, Sergio, sentado sobre su suntuoso sofá, suspiró, sopló, salpicó saliva.
Saltó súbitamente. Sordos silbidos sonaban. Susurro sigiloso: ‘Soy Silvia’.
‘Salve’, silabeó Sergio. ‘Sonsacaré sus secretos.’ Silvia saludó, se sacó su saco satinado, soltó sus sandalias, se sentó.
Sergio sirvió sendos sakes; salchichones, saladitos, surubíes sin sal, selectas sardinas sancochadas. Silvia, sonrojada, sorbió su sake sin sonreír; sólo sentenció: ‘Soy solamente suya, Sergio. Suspenda sus sibaríticos servicios.’ Silencio. Sahumerios sutiles soplaban serenamente.
Soltó Sergio sus sentimiento.
‘Soy sincero, Silvia. Suelo soñar sus sensual sonrisa, sus sonoros suspiros, sus semejantes senos salmantinos, símil sandías…’ ‘Soso, soy sueca.’ ‘Silvia, siento singular sinsabor. Solemnemente suplico su sanción.’ ‘Subestimé su sensiblería. ¡Suélteme, sátiro senil, sanguijuela sarnosa, sapo sobrealimentado!’ Salió Silvia subrepticia. Sergio se suicidó silenciosamente.

Salu2