{"id":175,"date":"2006-10-07T19:30:23","date_gmt":"2006-10-07T17:30:23","guid":{"rendered":"https:\/\/dmgmit.eu\/blog\/?p=175"},"modified":"2006-12-09T22:26:48","modified_gmt":"2006-12-09T20:26:48","slug":"la-inerte-espera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dmgmit.eu\/blog\/2006\/10\/07\/la-inerte-espera\/","title":{"rendered":"La inerte espera"},"content":{"rendered":"<div class=\"img-shadow2\"><center><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/dmgmit.eu\/blog\/wp-content\/africa.jpg\" \/><\/center><\/div>\n<p><em><strong>Ryszard Kapuscinkski<\/strong><\/em> ha plasmado, como nadie, el car\u00e1cter de las gentes de \u00c1frica en su libro <strong><em>&#8216;\u00c9bano&#8217;<\/em><\/strong>. Prodigiosa recopilaci\u00f3n de cr\u00f3nicas, reportajes y an\u00e1lisis cr\u00edtico del continente africano desde la m\u00e1s penetrante mirada l\u00facida de este reportero polaco.<br \/>\nEn uno de sus cap\u00edtulos nos muestra, a modo comparativo, las diferentes percepciones del tiempo que puede tener un africano con respecto a un europeo o viceversa.<\/p>\n<blockquote><p>Nos subimos al autob\u00fas y ocupamos los asientos. En este momento puede producirse una colisi\u00f3n entre dos culturas, un choque, un conflicto. Esto suceder\u00e1 si el pasajero es un forastero que no conoce Africa. Alguien as\u00ed empezar\u00e1 a removerse en el asiento, a mirar en todas direcciones y a preguntar: &#8216;\u00bfCu\u00e1ndo arrancar\u00e1 el autob\u00fas?&#8217; &#8216;\u00bfC\u00f3mo que cu\u00e1ndo?&#8217;, le contestar\u00e1, asombrado, el conductor, &#8216;cuando se re\u00fana tanta gente que lo llene del todo.&#8217;<\/p>\n<p>El europeo y el africano tienen un sentido del tiempo completamente diferente; lo perciben de maneras dispares y sus actitudes tambi\u00e9n son distintas. Los europeos est\u00e1n convencidos de que el tiempo funciona independientemente del hombre, de que su existencia es objetiva, en cierto modo exterior, que se halla fuera de nosotros y que sus par\u00e1metros son medibles y lineales. Seg\u00fan Newton, el tiempo es absoluto: &#8216;Absoluto, real y matem\u00e1tico, el tiempo transcurre por s\u00ed mismo y, gracias a su naturaleza, transcurre uniforme; y no en funci\u00f3n de alguna cosa exterior.&#8217; El europeo se siente como su siervo, depende de \u00e9l, es su s\u00fabdito. Para existir y funcionar, tiene que observar todas sus f\u00e9rreas e inexorables leyes, sus encorsetados principios y reglas. Tiene que respetar plazos, fechas, d\u00edas y horas. Se mueve dentro de los engranajes del tiempo; no puede existir fuera de ellos. Y ellos le imponen su rigor, sus normas y exigencias. Entre el hombre y el tiempo se produce un conflicto insalvable, conflicto que siempre acaba con la derrota del hombre: el tiempo lo aniquila.<\/p>\n<p>Los hombres del lugar, los africanos, perciben el tiempo de manera bien diferente. Para ellos, el tiempo es una categor\u00eda mucho m\u00e1s holgada, abierta, el\u00e1stica y subjetiva. Es el hombre el que influye sobre la horma del tiempo, sobre su ritmo y su transcurso (por supuesto, s\u00f3lo aquel que obra con el visto bueno de los antepasados y los dioses). El tiempo, incluso, es algo que el hombre puede crear, pues, por ejemplo, la existencia del tiempo se manifiesta a trav\u00e9s de los acontecimientos, y el hecho de que un acontecimiento se produzca o no, no depende sino del hombre. Si dos ej\u00e9rcitos no libran batalla, \u00e9sta no habr\u00e1 tenido lugar (es decir, el tiempo habr\u00e1 dejado de manifestar su presencia, no habr\u00e1 existido).<br \/>\nEl tiempo aparece como consecuencia de nuestros actos y desaparece si lo ignoramos o dejamos de importunarlo. Es una materia que bajo nuestra influencia siempre puede resucitar, pero que se sumir\u00e1 en estado de hibernaci\u00f3n, e incluso en la nada, si no le prestamos nuestra energ\u00eda. El tiempo es una realidad pasiva y, sobre todo, dependiente del hombre.<br \/>\nTodo lo contrario de la manera de pensar europea.<br \/>\nTraducido a la pr\u00e1ctica, eso significa que si vamos a una aldea donde por la tarde deb\u00eda celebrarse una reuni\u00f3n y all\u00ed no hay nadie, no tiene sentido la pregunta: &#8216;Cu\u00e1ndo se celebrar\u00e1 la reuni\u00f3n?&#8217; La respuesta se conoce de antemano: &#8216;Cuando acuda la gente.&#8217;<\/p>\n<p>De modo que el africano que sube a un autob\u00fas nunca pregunta cu\u00e1ndo arrancar\u00e1, sino que entra, se acomoda en un asiento libre y se sume en el estado en que pasa gran parte de su vida: en el estado de inerte espera.<br \/>\n-\u00a1Esta gente tiene una capacidad extraordinaria de espera! -me dijo en una ocasi\u00f3n un ingl\u00e9s que llevaba mucho tiempo viviendo aqu\u00ed-. Capacidad, aguante, es un sexto o s\u00e9ptimo sentido!<br \/>\nEn alguna parte del mundo fluye y circula una energ\u00eda misteriosa, la cual, si viene a buscarnos, si nos llena, nos dar\u00e1 la fuerza para poner en marcha el tiempo: entonces algo empezar\u00e1 a ocurrir. Sin embargo, mientras una cosa as\u00ed no se produzca, hay que esperar; cualquier otro comportamiento ser\u00e1 una ilusi\u00f3n o una quijotada.<br \/>\n\u00bfEn qu\u00e9 consiste esa inerte espera? Las personas entran en este estado conscientes de lo que va a ocurrir; por lo tanto, intentan elegir el mejor lugar y aposentarse lo m\u00e1s c\u00f3modamente posible. A veces unas se tumban, otras se sientan en el suelo o en una piedra, o se ponen en cuclillas. Dejan de hablar. El grupo de personas en estado de inerte espera es mudo. No emite ninguna voz, permanece en silencio. Los m\u00fasculos se distienden. La silueta se vuelve lacia, se desmaya y encoge. El cuello se queda r\u00edgido y la cabeza deja de moverse. La persona no mira, no intenta divisar nada, no se muestra curiosa. A veces tiene los ojos entornados, pero no siempre. Los ojos, por lo general, est\u00e1n abiertos pero con la mirada ausente, sin brizna de vida. Puesto que he pasado horas observando multitudes enteras en estado de inerte espera, puedo afirmar que se sumen en una especie de profundo sue\u00f1o fisiol\u00f3gico: no comen, no beben, no orinan. No reaccionan a un sol que abrasa sin piedad ni a las moscas, voraces y pesadas, que las asedian y se posan sobre sus labios y p\u00e1rpados.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 debe de pasar entonces por sus cabezas?<br \/>\nLo ignoro, no tengo la menor idea. \u00bfPiensan o no? \u00bfSue\u00f1an? \u00bfRecuerdan cosas? \u00bfHacen planes? \u00bfMeditan? \u00bfPermanecen en el m\u00e1s all\u00e1? Dif\u00edcil de decir.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ryszard Kapuscinkski ha plasmado, como nadie, el car\u00e1cter de las gentes de \u00c1frica en su libro &#8216;\u00c9bano&#8217;. Prodigiosa recopilaci\u00f3n de cr\u00f3nicas, reportajes y an\u00e1lisis cr\u00edtico del continente africano desde la m\u00e1s penetrante mirada l\u00facida de este reportero polaco. En uno de sus cap\u00edtulos nos muestra, a modo comparativo, las diferentes percepciones del tiempo que puede tener un africano con respecto a un europeo o viceversa. Nos subimos al autob\u00fas y ocupamos los asientos. 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