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Autor: admin

Cómo me convertí en un estúpido

Cómo me convertí en un estúpido

Hace cosa de dos años y medio leí la novela ‘Cómo me convertí en un estúpido’ de Martin Page. La escuché comentar en el programa de radio que por aquel entonces conducía Iñaki Gabilondo y al cabo de poco me la compré. Realmente su lectura es deliciosa y altamente recomendable… en ocasiones me recuerda a La conjura de los necios de John Kennedy Toole, otra de mis favoritas.
Todo esto viene a colación porque compruebo gratamente que la novela de Page se está convirtiendo en un clásico dentro del mundillo nerd… ya viene referenciada en interesantes bitácoras como Curioso pero inútil.
Os dejo con un pasaje de la novela para vuestro disfrute personal.

Caminaron por las pequeñas avenidas del parque, por los céspedes, contemplando los árboles y los pájaros. La temperatura era suave, el aire tenía una tonalidad clara y casi rutilante. Nunca había habido un mes de septiembre tan agradable. Septiembre ignoraba ingenuamente el otoño que estaba al caer, se mantenía arrogante, invulnerable, quemaba las últimas fuerzas del verano como si fuesen infinitas.
-Ah -dijo la muchacha espontáneamente-, me llamo Clémence.
-Mucho gusto -contestó Antoine con tono jovial-. Yo me llamo Antoine.
-Encantada de conocerte -contestó ella estrechándole la mano; luego, tras unos segundos de silencio, prosiguió-: ahora, Antoine, enlacemos con el momento en que me decías que yo era fantástica.
-Decía que eras severa.
-Eres muy injusto. ¿Tú no juzgas a nadie?
-Lo intento, pero es difícil.
-Mi teoría es que se puede comprender y juzgar.
Juzgamos sólo para defendernos, porque ¿quién intenta comprendemos? ¿Quién comprende a los que intentan comprender?
-Decía Lacenaire que los únicos que pueden juzgar son los condenados:
-Vale, pues entonces somos los condenados -dijo Clémence abriendo los brazos-. Toda la vida he estado condenada, desde niña me han juzgado pronunciando sentencias silenciosas. Es bonito lo que digo, ¿no?
-¿Por ejemplo?
-Por ejemplo, todo. Toda la sociedad es un juicio contra mi. El trabajo, los estudios, la música moderna, el dinero, la política, el deporte, la televisión, las modelos, los periódicos, los coches. Ese es un buen ejemplo, los coches. No puedo ir en bicicleta, caminar por donde me da la gana, disfrutar de la ciudad: los coches condenan mi libertad. Apestan, son peligrosos…
-Estoy de acuerdo. Los coches son una calamidad.
Compraron un palo de algodón. Mordisqueándolo, arrancándole volutas rosa, lo devoraron rápidamente, pringándose los dedos y los labios.
-Otra cosa -dijo Clémence-. En mi opinión, bueno, aparte de todo el asunto de las clases sociales, la gran división del mundo se produce entre quienes iban a los guateques y quienes no iban. Y esa división de la humanidad, que viene del colegio, se mantiene ya toda la vida, aunque sea de otras maneras.
-A mí no me invitaban a los guateques.
-A mí tampoco. Les daba miedo, porque yo decía lo que pensaba, y tenía bastante mala opinión de mis compañeros. Odiaba a casi todo el mundo. Era estupendo. En cambio, ahora, como se han dado cuenta de lo fantásticos que somos, les gustaría invitarnos a las fiestas de adultos, y fingir que no ha pasado nada, como si todo estuviera olvidado. Pero no, no iremos.
-O, si vamos, sólo para tomar pastelitos y botellas de Orangina.
-Y aporrearle la cabeza a toda esa gente con bates de béisbol -dijo Clémence remedando el gesto.
-Y los remataremos con palos de golf, que queda más elegante.
-¡Eso, con clase, con estilo!
Y así hablando, hablando, abandonaron el parque. Caminaban muy juntos, Clémence brincaba, cogía flores y perseguía a los pájaros dando palmas. Tenía más o menos la edad de Antoine; a ratos estaba muy seria y, al poco, se la veía distendida y desenfadada. Su personalidad se hallaba en constante cambio. Con aire cándido, exclamó abriendo los brazos:
-A ver por qué no vamos a poder criticar ni opinar que la gente es gilipollas o retrasada mental, so pretexto de que estamos amargados y de que nos dan envidia… Todo el mundo se comporta como si fuésemos todos iguales, como si fuésemos todos ricos, educados, poderosos, blancos, jóvenes, guapos, varoniles, felices, como si todos tuviésemos buena salud, cochazos… Pero no es así. Así que tengo derecho a chillar, a estar de mal humor, a no sonreír todo el tiempo como una tonta, a opinar cuando veo cosas anormales e injustas, e incluso a insultar a cierta gente. Es mi derecho a rabiar.
-Ya, pero.. todo eso cansa. Quizá hay cosas mejores que hacer, ¿no?
-Tienes razón -concedió Clémence-. Es una idiotez derrochar energías con cosas que no merecen la pena. Más vale reservar fuerzas para divertirse.
-Y pasearse por la orilla.
-Pasearse por la orilla. Eso es de una canción, ¿no?
Clémence se puso a cantar una vaga melodía. Caminaban por la calle entre la multitud de trabajadores y parados, de estudiantes, ancianos y niños. Las tiendas, las panaderías, los bancos no eran suficientes para vaciar las calles de esos abigarrados corpúsculos que son los seres humanos en el aparato circulatorio de la ciudad. Pasó un coche delante de ellos tocando la bocina. Se detuvo diez metros más allá en un semáforo. Clémence cogió a Antoine del brazo.
-Cierra los ojos -le pidió-. Tengo una sorpresa para ti.
Antoine cerró los ojos. Un viento ligero y cálido alborotó los cabellos de los dos jóvenes. Clémence guió a Antoine tirándole del brazo; lo condujo hasta el centro de la calle. A unos cien metros, se acercaba un coche negro hacia ellos.
-Bueno, ya puedes abrir las ojos.
-Viene un coche, Clémence -observó tranquilamente Antoine.
-Me has prometido que confiarías en mí.
-No, yo no te he prometido nada.
-Ah, se me ha olvidado pedírtelo. Bueno, pues confía en mí, ¿vale?
-Clémence, el coche…
-Jura que confías en mí y deja ya de lloriquear, pedazo de gallina. No tienes que moverte, es muy importante. Júralo.
-Está bien, te lo juro. No me moveré, no… me moveré.
El coche estaba ya a sólo unos treinta metros y tocaba desaforadamente la bocina para que tos dos jóvenes se apartasen. Antoine y Clémence seguían sin moverse. Algunos transeúntes se habían parado a mirarlos. En el penúltimo instante, Clémence tiró a Antoine del brazo y cayeron en la acera. El coche negro pasó gruñendo avieso y enseñando los dientes.
-Te he salvado la vida -dijo Clémence-. ¡Soy tu heroína! -Se incorporó y ayudó a Antoine a incorporarse-. Eso quiere decir que estamos unidos para toda la vida. A partir de ahora somos responsables el uno del otro. Como los chinos.
-Creo que por hoy he tenido suficientes emociones.
-¿O sea que sólo puedes soportar un número limitado de emociones?
-Exacto, si no, para mí es una sobredosis. No me digas que las sobredosis de emociones son geniales, porque yo no estoy acostumbrado.
Hambrientos por una vida tan azarosa, Clémence y Antoine decidieron ir a comer al Gudmundsdottir con As, Rodolphe, Ganja, Charlotte y la amiga de ésta. Pero, como quedaban unas horas antes del mediodía, decidieron jugar a fantasmas. Clémence le explicó a Antoine en qué consistía el juego: tenían que comportarse como fantasmas, examinar detalladamente a la gente sentada en las terrazas, pasearse por las calles y las tiendas bulliciosas, ulular, callejear aprovechando su invisibilidad, comportarse como si hubiesen desaparecido a los ojos del resto del mundo. Agitando sus cadenas y alzando los brazos de modo terrorífico, Clémence y Antoine comenzaron a aparecerse por la ciudad.

Dimensiones

Dimensiones

Es conveniente recordar que nosotros (seres tridimensionales) nunca tocamos o vemos un cuerpo sólido; sólo vemos la superficie y tocamos la superficie. Si quitamos la superficie que vimos o tocamos primero, llegamos a otra superficie, y así sucesivamente.

Charles H. Hinton

Ovillos

Ovillos

Mientras devano la memoria
forma un ovillo la nostalgia

si la nostalgia desovillo
se irá ovillando la esperanza

siempre es el mismo hilo.

Mario Benedetti

La ubicación del infierno

La ubicación del infierno

Para los negros de Benín, el infierno estaba en el mar: desde el mar arribaron a Benín los navíos de los negreros que los capturaban y vendían como esclavos.

‘Dictionnaire de la conversation et de la lecture’ (1873)

Cien

Cien

Cien señales, cien mañanas, cien palabras una tras otra, como hormigas, cien esperanzas, cien sueños como islas, cien momentos contigo, cien recuerdos, cien miradas, cien susurros, y caricias, cien espacios sin ti, cien luces, cien amaneceres, cien sonrisas, cien abrazos con beso y otros cien sin el, cien canciones, cien versos, cien botellas lanzadas al mar, unas veces con respuesta, otras sin ella, cien rincones, cien piedras de colores, cien pensamientos, cien anotaciones, … cien besos para ti.

Fórmula para crear un Universo

Fórmula para crear un Universo

Bill Bryson, en su interesante libro de divulgación científica ‘Una breve historia de todo’, nos brinda una curiosa forma de crear un Universo.

Un protón es una parte infinitesimal de un átomo, que es en sí mismo, por supuesto, una cosa insustancial. Los protones son tan pequeños que una pizquita de tinta, como el punto de esta ‘i’, puede contener unos 500.000 millones de ellos, o bastante más del número de segundos necesarios para completar medio millón de años. Así que los protones son extraordinariamente microscópicos, por decir algo.

Ahora, imagínate, si puedes -y no puedes, claro-, que aprietas uno de esos protones hasta reducirlo a una milmillonésima parte de su tamaño normal en un espacio tan pequeño que un protón pareciese enorme a su lado. Introduce después, en ese minúsculo espacio, 30 gramos de materia. Muy bien. Ya estás en condiciones de poner un universo en marcha.

Resucitar a un WRT54GS v.4

Resucitar a un WRT54GS v.4

Si has llegado hasta aquí desesperado por no poder resucitar a tu router LinkSys WRT54GS v.4 espero que esta mini-guía te sirva para ver de nuevo la luz y no dejar por imposible su puesta de nuevo en funcionamiento. Dicho sea de paso, estas instrucciones están orientadas exclusivamente al usuario que utiliza Mac OS X y el router anteriormente mencionado.
Es fácil dejarlo en estado de sock, sobre todo si intentamos cambiarle el firmware. Por eso, NUNCA CAMBIES EL FIRMWARE si no estás seguro de que sea la versión adecuada. Si no sabes de que modelo se trata, mira debajo y fíjate en las etiquetas que vienen adheridas.
Si ya es demasiado tarde y dejaste el router con el led power parpadeando, eso quiere decir que está en coma y que necesita una restauración de firmware.
Lo primero que hay que hacer es bajar de internet una versión sana y adecuada de firmware. Personalmente te recomiendo WRT54GSV4_1.05.2_US_code.bin, acto seguido le cambiamos el nombre por code.bin y lo guardamos en una carpeta, por ejemplo (../firmware/code.bin)
El siguiente paso es comunicarnos con el router, para ello conectamos nuestro ordenador vía ethernet con el router, a continuación configuramos el panel ‘Preferencias del sistema’ – Red – Ethernet incorporada – TCP/IP en modo manual como muestran los gráficos.

Comprobamos que efectivamente tenemos conexión… entramos en modo ‘Terminal’ y tecleamos:

$ ping 192.168.1.1

Debemos obtener como respuesta algo parecido a:

PING 192.168.1.1 (192.168.1.1): 56 data bytes
64 bytes from 192.168.1.1: icmp_seq=0 ttl=64 time=1.755 ms
64 bytes from 192.168.1.1: icmp_seq=1 ttl=64 time=0.728 ms
64 bytes from 192.168.1.1: icmp_seq=2 ttl=64 time=0.735 ms

Tecla (control + z) para terminar ping.

Si por cualquier motivo nos indica que hay problemas de conexión… Comprueba que el cable ethernet esté bien conectado y prueba teclando:

$ arp -a

‘Terminal’ nos indicará las tarjetas ethernet destinadas a Internet con su ID. Si hubiera problemas con:

? (192.168.1.1) at incomplete

lo mejor es borrarla:

$ sudo arp -d 192.168.1.1

acto seguido desenchufamos el router de la toma de corriente y volvemos a enchufarlo. Realizamos de nuevo ‘arp -a’ a ver si en esta ocasión nos muestra la configuración correcta.
Una vez estamos seguros que nuestra comunicación con el router es efectiva procedemos a volcar el firmware. Para ello desde ‘Terminal’ introducimos las siguientes instrucciones:

$ cd (arrastramos la carpeta ../firmware/ dentro de la ventana de ‘Terminal’)
$ tftp 192.168.1.1
tftp> binary
tftp> put code.bin

Esperamos unos minutos hasta obtener respuesta. Si aparece ‘Time out’, volvemos a repetir todos los pasos desde el principio. Si vemos que han sido transferidos los datos, y que el led power ha cambiado a fijo… ¡FELICIDADES! acabas de resucitar tu router. Recuerda que para entrar en su configuración el password es ‘admin’ y en id no pongas nada.

En otro orden de cosas, el firmware que acabamos de instalar puede que no sea de nuestro agrado y queramos alguno más sofisticado y en castellano. A continuación te expongo como puedes instalar la versión completa del DD-WRT.
Antes de nada debes tener instalada la versión que anteriormente te indiqué, es decir WRT54GSV4_1.05.2_US_code.bin, después descargamos de internet la versión ‘mini’ de la DD-WRT (dd-wrt.v23_mini_wrt54gsv4.bin 2,5Mbyte) y la instalamos y acto seguido descargamos la versión estándar (dd-wrt.v23_wrt54gs.bin 3,5Mbyte) y terminamos de instalarla. ¡Buen provecho! 🙂

La dichosa preguntita

La dichosa preguntita

De humanos es preguntar. Ya de pequeños enredabamos a nuestros padres acribillandolos con preguntas, algunas de ellas incómodas, surrealistas o de difícil respuesta. Aquí se recogen alguna de ellas buscando, sobretodo, la sencillez y originalidad en el planteamiento y al mismo tiempo la complejidad y componente lúdico en la respuesta. Algunas de ellas están sacadas del número 60 de Carrollia.

– ¿Podría ver un hipotético hombre invisible?
– ¿Por qué se disuelve el azucar en el café cuándo lo agitamos con la cucharilla? ¿Tiene que ver algo el sentido de giro?
– ¿Por qué vemos a través del vidrio?
– ¿Por qué doce se dice doce y no diecidos?
– ¿Cuánto medirá el enano más alto del mundo?
– ¿Cómo dormirán más matrimonios, con la mujer a la izquierda o a la derecha del hombre?
– Etimológicamente hablando, ¿Por qué la palabra atmósfera es esdrújula y las capas que la componen (estratosfera, troposfera, mesosfera, termosfera, ionosfera, …) son graves o llanas?
– ¿En que punto geográfico, sobre la Tierra, estará más lejos del mar más cercano?
– En un lugar cerrado, sin corrientes de aire ¿A que velocidad se difunde el olor?
– ¿Por qué una plancha caliente plancha y una fría, no?
– ¿Por qué los curas católicos no llevan bigote (¡ojo!, barba completa sí. Digo, sólo bigote)?
– ¿Por qué al anunciar el poder de absorción de las compresas para la higiene femenina, éste se comprueba con una sopa azul?
– ¿Por qué casi todo el mundo cree que el uniforme tradicional de Papa Noel es rojo si hasta hace unas cuantas décadas era verde?
– ¿Por qué casi toda la gente aplica como NORMA GENERAL aquello de «el orden de factores no altera el producto» si, desde antiguo, se sabe que la mayor parte de los conjuntos son no conmutativos?
– ¿Es verdad que siempre la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta?
– ¿Qué se quiere decir con lo de «la excepción confirma la regla»?
– ¿Es hereditaria la esterilidad?
– ¿Por qué las manchas se sienten tan atraídas por la ropa recién limpia?
– Si los planetas son esféricos, ¿porqué se les llama «planetas» y no «esferetas»?
– ¿Se desbordarían los océanos si dejaran de existir las esponjas?
– ¿Habrá sueños que no dejen dormir?
– ¿Es posible empujar una cuerda?
– ¿Habrá vida inteligente dentro de la vida inteligente?
– ¿Habrá existido alguna vez el conjunto vacío?
– ¿Si una nave espacial fuera a la velocidad de la luz, le funcionarían las luces?
– ¿De que color se volverá el pelo de un albino cuando le salen canas?

En clave de humor:

– Si un abogado enloquece… ¿Pierde el juicio?
– ¿No sería más lógico que todos los analgésicos se administraran por vía anal?
– ¿Una buena educación sexual no tendrá que ver más con dar las gracias al acabar de hacer el amor?
– ¿La cirugía es-tética no debería de ser solo para las tetas pequeñas?
– ¿Los enfermos de diabetes pueden tocar la flauta dulce?
– ¿Contar una cantidad exacta de renos no será un cálculo renal?
– ¿Qué hacen los comensales cuando el médico les dice que no prueben el cloruro sódico?
– ¿Qué le ocurre al puño cuando abres la mano?
– ¿Por qué para limpiar una cosa es necesario manchar otra pero se puede ensuciar todo sin manchar nada?
– ¿Por qué cualquier niño que en casa no para de cantar, se queda mudo cuando quieres que haga una demostración a las visitas?
– ¿Por qué cuando llueve levantamos los hombros? ¿Nos mojamos menos?
– ¿Por qué solo se dice lo que se piensa cuando no se piensa lo que se dice?
– ¿Serán los sexólogos los mejores amantes del mundo?
– Si venden leche en polvo… ¿Por qué no venden el agua en polvo?
– Si la lana encoge al mojarse… ¿Por qué las ovejas no encogen cuando llueve?
– ¿Pueden los vegetarianos comer galletas con formas de animalitos?
– ¿Por qué ‘separado’ se escribe todo junto y ‘todo junto’ se escribe separado?
– Si los pieles rojas tienen reservas… ¿Por qué no viajan?
– Si todos los derechos son reservados, ¿qué pasa con los zurdos?
– ¿Los infantes disfrutan la infancia tanto como los adultos el adulterio?
– Si hay un más alla… ¿Hay un menos acá?
– ¿Llevará la viagra entres sus componentes levadura?
– Si la piscina es honda, ¿el mar es toyota?
– Si los vegetarianos comen vegetales, ¿qué comen los humanitarios?
– ¿Qué verá un bizco con binoculares?
– ¿Esterilizarán las agujas cuando administren una inyección letal?
– ¿Por qué en este mundo hasta los ceros, para ser algo, deben estar en la derecha?
– ¿Por qué no hay comida para gatos con sabor a ratón?
– Si una palabra estuviese mal escrita en el diccionario, ¿cómo lo sabriamos?
– Un esquizofrénico paranoico, ¿tiene miedo de estar persiguiéndose?
– Si los caballos sufren la peste equina y los cerdos la peste porcina, ¿por qué el hombre sufre enfermedades patológicas?
– ¿Puedo guardar el raton de mi ordenador en el maletero del coche con el gato?
– ¿Qué cuentan las ovejas para poder dormir?
– ¿Por qué se lavan las toallas?, ¿no se supone que estamos limpios cuando las usamos?
– ¿Todas las personas anómalas padecerán de hemorroides?
– ¿Por qué las ciruelas negras son rojas cuando están verdes?
– ¿Si adelantas al último, en que posición llegas…?
– Si el congelador de una nevera se encuentra a no más de 10 grados bajo cero, y en la Antártida en un invierno muy frío la temperatura ambiente llega a 50 grados bajo cero. ¿No podrían calentarse las personas entrando a los congeladores?
– Si en vida fueras masoquista, ¿no sería una recompensa ir al infierno y un castigo ir al cielo?
– ¿Por qué no hay comida para gatos «con sabor a ratón»?
– Si el dinero es la causa de todos los males. ¿Por qué tenemos que trabajar?
– ¿Dónde está la otra mitad del Medio Oriente?
– ¿A que árbol pertenece el fruto del trabajo?
– ¿Por qué apretamos más fuerte los botones del mando a distancia cuando tiene pocas pilas?
– ¿Habrá alguna manera de volver a meter el dentífrico al tubo?
– ¿Cuánto miden las altas horas de la noche?
– ¿Existe alguna otra palabra para ‘sinónimo’?
– ¿No es algo poco tranquilizante que los médicos se refieran a sus trabajos como ‘prácticas’?
– ¿Si en muchas ocasiones se ha optado por militarizar a los civiles porqué no se intenta alguna vez civilizar a los militares?
– ¿De qué verbo es gerundio «Fernando»?
– ¿A los ecologistas les gustarán los viejos verdes?
– ¿Si tres amigas tienen la menstruación a la vez se entendería que es una regla de tres?
– ¿Por qué si nadar es tan bueno para la figura, las ballenas están tan gordas?
– ¿Qué hay que hacer si uno ve un animal en peligro de extinción comiendo una planta en peligro de extinción?
– Si una persona con multiples personalidades decide suicidarse, ¿puede considerarse que ha tomado rehenes?
– ¿Por qué en los anuncios de raquetas de tenis aparece gente jugando al tenis, en los anuncios de coches puedes ver coches, y sin embargo en los anuncios de condones no ves mas que gente jugando al tenis o coches parados?
– ¿De que color es un camaleón mirándose al espejo?
– Un parto en la calle, ¿es alumbrado público?
– ¿Por qué Bill Gates llamó a su sistema operativo ‘Windows’ (‘Ventanas’ en inglés), si lo podría haber llamado ‘Gates’ (‘Puertas’ en inglés)?
– ¿Por qué hay día del padre, día de la madre, pero no hay día del hijo?
– ¿Por qué le llaman a nuestro planeta ‘tierra’ siendo éste tres cuartas partes de agua?
– Si cuando uno hace algo mucho tiempo lo hace cada vez mejor; ¿por qué los taxistas conducen tan mal?
– ¿Por qué será que si uno habla con Dios, la gente piensa que eres espiritual, pero si Dios habla con uno, la gente piensa que estás loco?
– Si quiero comprar un boomerang nuevo, ¿cómo hago para deshacerme del viejo?
– Si el amor es ciego… ¿por qué la lencería es tan popular?

Stanislaw Lem

Stanislaw Lem

Stanislaw Lem es uno de los escritores de ciencia ficción más imaginativos que conozco. De origen polaco es conocido por su sátira, sentido del humor e irreverentes consideraciones de la sociedad.
Nació en 1921 en la entonces ciudad polaca de Lvov (actualmente de Ucrania). En 1944 se traslada a Cracovia, donde vive desde entonces. Estudia psicología a la vez que escribe relatos para un semanario católico. Se interesa por cuestiones de matemáticas, y es miembro fundador de la Sociedad Polaca de Astronáutica. Desde 1973 enseña literatura polaca en la Universidad de Cracovia. Desafortunadamente el 27 de marzo de 2006 se apagó la vida del más insigne artífice de la ciencia-ficción.

Mis novelas favoritas

Solaris es considerada su obra más importante y conocida. Llevada al cine por el director ruso Andrie Tarkovksy.

Diarios de las estrellas. Viajes / Viajes y memorias. Serie de relatos donde se narra los viajes del cosmonauta Ijon Tichy. Explorador de los más extraños y fascinantes rincones del espacio no encuentra otra cosa que nuestros fantasmas y obsesiones, nuestros absurdos cotidianos distorsionados por insólitas perspectivas espacio-temporales, no es de extrañar, pues, que su omnipresente humor provoque más desazón que risa.

Ciberíada. A través de un conjunto de fábulas Stanislaw Lem nos propone, con su consabido corrosivo humor, explorar el futuro de la sociedad tecnológica. Para ello se sirve del robot, símbolo donde polariza un doble temor: el robot es un «hombre mecánico», culminación simbólica de la usurpación por parte de la máquina del lugar del hombre y por otro, el miedo al poder destructivo y avasallador de ciertos logros tecnológicos.

Congreso de futurología. El astronauta Ijon Tichy es hibernado para que pueda asistir al Octavo Congreso Internacional Futurológico que tendrá lugar en Costarricania en el año 2039. En ese futuro la felicidad existe, la muerte y la guerra han desaparecido, pero nunca se sabe, puede cambiar y engendrar otro tipo de realidad.

La investigación. Novela policiaca. La desaparición de cadáveres y la posterior investigación nos conduce a lo inexplicable, lo macabro, lo insólito y a la vez, a una desazonadora reflexión sobre nuestras formas de conocimiento y racionalización.

Retorno de las estrellas. Hal Breg regresa de su viaje interestelar. Debido a consideraciones relativistas, aterriza ahora en un futuro inimaginable. El sentimiento de su soledad se vuelve agobiante.

Un valor imaginario. Brillante e imaginativa antología de críticas de libros inexistentes.

Edén. Tras un accidentado aterrizaje en la superficie del planeta Edén, los seis miembros de la tripulación de una nave espacial consiguen tomar contacto con las criaturas que lo pueblan, sometidas, a su entender, a una tenebrosa tiranía.

Relatos del piloto Pirx. Las aventuras y desventuras de un héroe oscuro dedicado a la navegación estelar, revelan situaciones dominadas por la cibernética y la técnica, una vibración sútil que alcanza la fibra recóndita del individuo y lo hace partícipe solidario de una peripecia vital en que el enfrentamiento a situaciones y comportamientos anómalos, contribuye a decantar la compresión de las limitaciones y posibilidades del hombre.

El Invencible. El hombre todavía no ha alcanzado el centro del Universo, pensamiento que acaricia desde la antigüeda. Conquistar el espacio es su meta, mas no atacar lo que ya ha evolucinado por si mismo.

La fiebre del heno. El protagonista de esta apasionante historia, un ex astronauta que padece la fiebre del heno, se propone investigar el misterioso caso de las muertes de Nápoles. La novela es una seria especulación sobre lo que llamamos, inciertamente, la realidad.