Me gustan los trenes

Me gustan los trenes

Cuando era pequeño quería ser maquinista de locomotoras y así se lo ha hacía saber a mis amiguitos, mis padres o a cualquiera que se pusiera por delante mío. Recuerdo con nostalgia aquellos días en que mi padre me llevaba agarrado de la mano a la estación de RENFE para ver pasar los trenes. Puede que sea cuestión de la edad, pero con el paso de los años cada vez me gustan más los trenes, lo mismo que los barcos, casi nada los autobuses, los aviones es otro cantar. El ritmo de la marcha del tren, el traqueteo que notas bajo tus pies, tienen mucho de humano: la tierra escapa debajo de tu cuerpo y tú la sientes pasar como una materia dura; pero, al mismo tiempo, vas viéndola correr al otro lado de la ventanilla tan hermosa en los inviernos como en las primaveras. ¡Qué bello es vivir!, reza el título de una película que ganó un Oscar de Hollywood. ¡Y qué bello es vivir la vida desde el asiento de un tren!, podría añadir.
Todos los niños de mi generación jugábamos al tren, pero en las generaciones de hoy en día no he visto a ningún crío jugar a otra cosa que no sea mirar a una pantallita con dibujitos. ¿Y qué decir de los trenes eléctricos que me regalaban alguna vez en la noche de Reyes Magos? Cuando yo era niño, el día anterior al 6 de enero quitaba las figurillas del Belén y dejaba aquellos campos de serrín y montañas de corcho listos para poner el tren.
Ahora cruzas campos yermos y luego junto a trigales rubios, y después bordeando un precipicio, y luego un mar, y más adelante ríos y también las orillas de los mares, y viajas por las caderas de montañas luminosas y ves caer el sol y admiras amaneceres rojos como un campo de batalla, y te ciega la nieve o el sol de los desiertos. Y encima la gente de tu compartimento se enrolla a hablar contigo: descubres vidas, haces amigos que dejarán de serlo en unas horas. Y el viaje, en ese mágico deslizar, se te hace hondo, tremendamente humano, profundamente vivo, y tu corazón se alegra de ser hombre y galopar sobre la Tierra.

Lugares erróneos

Lugares erróneos

Casi todos los lugares erróneos son lugares donde se está, donde alguien se queda o, en el mejor de los casos, tiende a quedarse. Por eso, cuando uno advierte que alguien tiende a quedarse en algún lugar lo primero que debe hacer es recomendarle que se vaya. Esos son los lugares a evitar.
Se puede reconocerlos precisamente por eso, porque uno tiende a quedarse en ellos, ya sea porque su movimiento sólo es circular o pendular, pero en todo caso no progresivo. Y los lugares verdaderos, habitables, son sólo aquellos por los que se transita, no aquellos donde se está. De ahí la gran dificultad que presenta la descripción de los lugares más deseables. Y por eso mientras la topografía es en realidad una patología, la verdadera ciencia a que debemos aspirar es la topología.

Perlas

Perlas

En sus sueños conoció a una chica sorprendente. No era por su dulce mirada cargada de ternura con destellos de miel. Ni la expresividad de sus labios rozando el algodón de las nubes. Ni tan siquiera, los reflejos dorados del Sol sobre su pelo, jugueteando con el viento. Era por las diminutas perlas brillantes que cubrían sutilmente sus brazos. Nunca supo lo que eran hasta que se marchó. Renee SEXTING amp CUSTOM QUEEN camwhore Entonces comprendió que eran gotas de mar que habían ido quedando sobre su piel mientras nadaba, y creeme, lo había hecho durante mucho tiempo porque, aunque nunca la volvió a ver, jamás podrá olvidar que una vez conoció a una sirena.

Churchill matemático

Churchill matemático

Una vez tuve un sentimiento acerca de la matemática: que la veía toda. Las capas más y más profundas se me revelaban, la cima y el abismo. Vi -como uno puede ver el paso de Venus o aun el gran espectáculo celestial- un número atravesando el infinito y cambiando su signo de más a menos. Vi exactamente por qué ello ocurría y por qué la transformación era inevitable pero fue después de la cena y lo dejé pasar.

Polvo de estrellas

Polvo de estrellas

Una vez un hombre miró el sol que se escondía tras el horizonte, pero por primera vez en mucho tiempo no se sintió solo. Observó las estrellas que empezaban a titilar suavemente en el cielo, y después, la hierba, aún verde, el árbol hermoso, y el agua cristalina y pura y leve que corría alegre por el arroyo. Mas aquella tarde no se sintió solo, porque comprendió que todas las cosas -el sol, el cielo, el horizonte, la verde hierba y el árbol hermoso, el agua transparente y fresca- eran una sola y misma cosa : polvo de estrellas. Y él también era polvo de estrellas.

Sin embargo, a pesar de ser todos una misma cosa, el árbol era árbol, la hierba, hierba, y el agua, agua; y él, hombre. Vio que el árbol tenía todo cuanto necesitaba a su alrededor para ser árbol, lo mismo que la hierba para ser verde o que el agua para ser líquida y fresca. Entonces aquel hombre comprendió en lo más profundo de su ser que la Naturaleza siempre le proporcionaría todo lo que le fuese necesario para ser Hombre.

Espíritu navideño

Espíritu navideño

Acabamos de colocar los adornos navideños. El nacimiento, con figuritas de porcelana, el adorno de la puerta de Casa. Supongo que ya me he creído que estábamos en Navidad. Todo lleva adornado y encendido un mes, pero la Navidad no llega hasta la lotería 🙂

Sé que a mucha gente estas fiestas les sientan mal, que critican el consumismo, que les deprime, que echan de menos a los que ya no están.
Personalmente, me pregunto si no les echan de menos también en verano, mientras toman el sol en la costa levantina.
Supongo que yo tengo suerte. Me gustan estas fiestas. Me gusta salir a comprar regalos, aunque sean puros caprichitos… pero casi tiene más gracia: comprar cosas chulas y con algún significado, aunque sólo sea un detalle. Me agobia, como todo el mundo, la típica tarde en la que no se puede dar un paso por el centro. Por eso voy temprano… y me encanta volver con cosas que envolver. Y procurar seguir las pequeñas tradiciones familiares.

Para cada uno la Navidad tiene un significado. Eso es indiscutible. En cualquier caso, hoy si que sí…

¿Cómo podría definir tal inquietud?

¿Cómo podría definir tal inquietud?

Cuando viajo y me quedo mirando fijamente el paisaje que hay detrás del cristal, allí todo es algo más que hermoso: los campos rociados por el sol, los árboles de alborotado follaje en primavera, las nubes desdibujadas en un firmamento azul. Es ese mundo donde el amarillo, el verde, el azul cobran sentido y color deja de ser un nombre. Pero a veces, como hoy, la vista se pierde por detrás de tal esplendor. El tiempo pasa pero algo te inquieta. Ya queda menos, pero el tiempo parece escaparse. Es en esos momentos cuando uno siente que a cada segundo se consume más ese sueño profundo que la velocidad arrastra hacia la nada. Esos segundos en los que sabes que estás perdiendo algo que es tuyo, que es tú. ¿Cómo podría definir tal inquietud?

Un día revitalizante

Un día revitalizante

Hace un día precioso por estos lares, claro, fresco, revitalizante. La temperatura es de -3 grado centígrado; algo durillo en esta vieja tierra.

¿Mi apetencia de hoy? Pasar todo el tiempo que pueda bajo una manta… y mejor aun si se tiene ocasión de compartirla con alguien especial 😉

He estado pensando en un famoso koan que dice: ¿Cuál es el sonido de una mano que aplaude? Yo opino que ninguno. Si no hay dos manos no hay aplauso. Es muy simple. Estrellas, galaxias, aplausos. ¿Qué quiere decir? Quiere decir que todos necesitamos a alguien. Seas una constelación o un protón, un yin o un yan, todos relacionados con todos. Como Rometo y Julieta, el pescado y las patatas, Tom y Jerry, Epi y Blas, caballo y vaqueros, Marco Antonio y Cleopatra.

Tan sólo una ilusión

Tan sólo una ilusión

Los fenómenos ocurren porque hay una causa y un transcurrir del tiempo, es decir, existe una unidireccionalidad e irreversibilidad en todos nuestro actos que inevitablemente conducen a un resultado. Dejamos caer un vaso y se rompe, y ya podemos esperar un buen rato si confiamos a ver cómo los pedazos del suelo vuelven a juntarse y saltan de nuevo hacia nuestra mano en forma de vaso. Visto de esta manera la cosa parece obvia y muchos de vosotros diríais que se trata de la entropía, la tendencia de un sistema ordenado hacia el desorden. Pero si somos curiosos y osamos dar un paso adelante preguntándonos por qué ocurre así y no al contrario, tendremos que arremangarnos la camisa y meternos de lleno en el apasionante mundo de la física.
Para la física la naturaleza es tremendamente simétrica, lo verdaderamente notable de distinguir entre derecha e izquierda es que solamente lo podemos hacer mediante un efecto muy débil, la llamada desintegración beta. Lo que representa el 99,99 por ciento de los casos. Se trata de un misterio sobre el que nadie tiene todavía la más remota idea.
Otra cuestión que trae de cabeza a los físicos es la distinción entre pasado y futuro. A pesar que nuestra conciencia describe una hecho tan obvio y tan profundo como la diferencia entre pasado y futuro. Recordamos el pasado y no recordamos el futuro. Nuestra conciencia de lo que puede ocurrir es de índole distinta de nuestra conciencia sobre lo que probablemente haya ocurrido. Desde un punto de vista psicológico el pasado y el futuro resultan completamente distintos, con conceptos tales como memoria y aparente libre albedrío, en el sentido de que creemos que algo podemos hacer para influir sobre los acontecimientos futuros, mientras que nadie, o casi nadie, cree que pueda hacerse algo que afecte al pasado. Remordimiento y esperanza son palabras que distinguen perfectamente el pasado del futuro.
Ahora bien, si la naturaleza está hecha de átomos y nosotros mismos estamos hechos de átomos que obedecen las leyes de la física, la interpretación más obvia de esta evidente distinción entre pasado y futuro sería que algunas leyes, algunas de la leyes del movimiento de los átomos, fueran en un solo sentido y no en ambos. Es decir, que en los entresijos existiera algún tipo de principio por el cual de un coso sale una cosa, pero nunca a la inversa, con lo que el mundo iría siempre de coso a cosa, y que esta orientación unidireccional fuera la causa de que los hechos parezcan moverse en un solo sentido.
Pero todavía no hemos descubierto ningún principio parecido. Es decir, en todas las leyes de la física descubiertas hasta el presente, no parece que exista distinción alguna entre el pasado y el futuro. La película debería ser igualmente razonable en ambos sentidos.
En la correspondencia entre Einstein y su viejo amigo Besso y en sus últimos años, Besso insiste constantemente en la cuestión del tiempo. ¿Qué es el tiempo, qué es la irreversibilidad? Einstein, paciente, no se cansa de contestarle, la irreversibilidad es una ilusión, una impresión subjetiva, producto de condiciones iniciales excepcionales.
La correspondencia quedaría interrumpida por la muerte de Besso, unos meses antes que Einstein. Al producirse el óbito, Einstein escribió en una emotiva carta a la hermana y al hijo de Besso: ‘Michele se me ha adelantado en dejar este extraño mundo. Es algo sin importancia. Para nosotros, físicos convencidos, la distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión, por persistente que ésta sea.’

Luz de luna

Luz de luna

Sería a causa de la luz lunar, que todo en distancia se vuelve irreal, pero al ver la figura alada posada aquella noche en la cornisa de la ventana, lo primero que pensé era que un ángel venía a mí. Un poco más tarde, ya calmado y procurando mirar con atención, me di cuenta de que el difuso brillo lunar sólo iluminaba mi alma que huía.